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Niños sin infancia

Dicen que cada vez los niños son más precoces. Aprenden a caminar antes, hablan antes y son estimulados porque de esa manera podrán progresar más. Sin embargo, por la ausencia de educación promovemos que los niños abandonen precozmente la infancia, obligándoles a madurar antes, por lo que le robamos uno de los momentos más importantes de su vida la infancia y su inocencia.

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Dicen los entendidos que uno de los motivos por los que los niños están perdiendo su infancia es por el uso de los medios sociales. Generalmente, las familias desconocen el uso de las redes, por lo que no pueden educar en ese aspecto. Lo mismo ocurre en el ámbito educativo, donde los profesores están desbordados ante un continente efímero que no controlan y, en el caso de hablar de estos temas, lo hacen para advertir de los peligros que supone la red.

Con todo, los chicos y chicas entran en un mundo desconocido sin miedo, porque todo el mundo está en él y pierden la infancia porque las redes sociales son muy exigentes y obligan a subir varios escalones de una vez sin posibilidad de reflexionar lo que hacen. Se lanzan a un mundo extraño en el que no hay reglas dejando de lado los juegos que hasta hacen unos días realizaban inocentemente. Cambian la muñeca por un pose seductor enseñando más de lo que se debe. Dejan la pelota para mostrar un pectoral o un abdomen logrado a base de no tomar el alimento suficiente. Y así se quedan sin infancia.

En esta sociedad nos quejamos de los niños sin infancia a causa del trabajo infantil y otros males en determinados países, pero no miramos hacia nuestra sociedad «avanzada» donde niños y niñas dejan de serlo para mostrarse en medios sociales que nadie controla porque a las veinticuatro horas ya ha desaparecido todo sin dejar rastro. Con un dispositivo que llevaban pidiendo años, se lanzan a un océano desconocido robándose la vida para mostrarse de una forma que no son ni les pertenece aún: ser adultos.

Dejemos que los niños sean niños. Pidamos a los niños que sean niños

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Seguir a los famosos ¿para qué?

En mis medios sociales, casi con total seguridad, no sigo a ningún famoso. A no ser que él me siga también a mí. Entiendo estos medios como un sistema de comunicación y no de admiración por alguna persona. En esta entrada quería reflexionar sobre dos aspectos: ¿Por qué medimos a las personas por la cantidad de seguidores en sus redes? ¿Tiene sentido seguir a un conocido o «famoso»? Las dos cuestiones desde el aspecto de la positividad y felicidad.

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¿Para qué nos sirven las redes sociales?

Nadie hoy es capaz de negar la importancia del mundo digital y las redes sociales en la actualidad. Ha cambiando la forma de comunicarnos, de relacionarnos, modifica nuestro tiempo de ocio,  de sueño… en definitiva, nuestra vida por completo. Pero, de verdad ¿para qué usamos las redes sociales?

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¿Oye me das tu wasa?

jesus marrero me das wasaAcabo de llegar del encuentro de alumnos de 2 ESO y esa fue, probablemente, la pregunta más repetida entre los casi quinientos participantes. ¡Como cambian las cosas en poco tiempo! Hace dos años los chicos se pedían el Tuenti, que era la red social de moda. Ahora, se piden el wasa. Esta forma de relación me trae muchas ideas entrelazadas a la cabeza, algunas de las cuales enumero… Seguir leyendo “¿Oye me das tu wasa?”

Los prejuicios que tanto enturbian las relaciones sociales

En las últimas semanas he perdido algunos amigos en las redes sociales. No es algo que me quite el sueño, pero si que es digno de una reflexión, puesto que esas pérdidas se deben a prejuicios sobre los grupos sociales a los que pertenecemos. Los prejuicios aparecen, fundamentalmente porque el ser humano necesita generalizar, para poder, de esa manera, rentabilizar sus recursos mentales. Es decir, atribuimos a un determinado grupo social una serie de características que generalizamos al resto. Esto supone obviar la diferencia y la peculiaridad de cada uno perjudicando las relaciones sociales.

Así, es frecuente pensar que todos los jóvenes son unos locos, que cualquier persona con mal aspecto es un delincuente, que todos los políticos son unos corruptos, que todos los que practican alguna religión son unos retrógrados, que todos los deportistas se dopan… y podríamos confeccionar una lista interminable.

Los prejuicios enturbian las relaciones sociales, porque hemos abusado de esas etiquetas que ponemos a los diferentes grupos. Los amigos, que han dejado de interactuar conmigo, ha sido a raíz de descubrir mis creencias religiosas. Debo ser, a juicio de algunos, un retrógrado anticuado y aburrido por practicar una religión. No he conocido, como me decía un alumno, “un religioso que jugara al fútbol”. Los “religiosos” lo que tenemos que hacer es rezar todo el día. No somos personas normales, con nuestras opiniones, con actividades, como cualquier otro, sino que tenemos una determinada etiqueta que pesa como una loza en nuestras espaldas.

Los prejuicios enturbian las relaciones entre personas porque supone atribuir características que posiblemente no poseen. No todos los jóvenes que salen por las noches, son unos borrachos y drogadictos. Algunos abusarán de determinadas sustancias, pero no podemos generalizarlo. Igualmente, otro sector estigmatizado, aparte del religioso, es el educativo. Todos los profesores viven muy bien, con muchas vacaciones, poco trabajo… Pocos conocen que, en verano, muchos profesores aprovechan las vacaciones para seguir preparándose, que tienen que dedicar gran parte de su “tiempo libre” a preparar clases, sin añadir el nivel de presión del trabajo en el aula. Así podríamos seguir nombrando cada una de las profesiones y encontraríamos muchos prejuicios para cada una de ellas.

Los prejuicios son negativos, porque limita nuestra capacidad de aprendizaje. Los hombres son machistas… ¿todos? Los agricultores son unos ignorantes ¿Seguro? Estoy convencido que un agricultor nos puede dictar una tesis sobre cultivos, ciclos de la naturaleza, temperaturas. Sin embargo, nuestros prejuicios nos limitan, impiden nuestro desarrollo. ¿por qué no nos dejamos sorprender por lo maravilloso que es cualquier persona? ¿por qué no podemos aprender de nuestros mayores, de los jóvenes o niños? Cada cual dentro de su ámbito, tiene mucho que aportarnos. No somos simplemente un número más dentro de un grupo, sino que somos únicos, especiales y diferentes.

El día que abandonemos los prejuicios, comenzaremos a ser un poco más felices. ¿Por qué? Pues sencillamente porque seremos capaces de ver a las personas como tal. No diremos ¡este es un friki! ¿por qué? Por cómo viste, por la música que le gusta, ¿qué más da? Detrás de cada vestimenta, de cada grupo social, de cada sector, hay persona. Una persona maravillosa, única y diferente que debe ser respetada y amada, tal como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Por tanto eliminemos prejuicios y ¡dejémonos sorprender por las personas!

¡Tú eres un viciado de internet!

¿Le dedicas mucho tiempo a internet, no? Así me han saludado en alguna ocasión. También hay otra variante, como la que da titulo a estas letras, ¡Tú eres un viciado de internet!. Ante este tipo de afirmaciones, la repuesta suele ser, bueno… Si. Un poco. Porque, generalmente asocian a aquella persona que pasa tiempo delante del ordenador, como un bicho raro que no es capaz de relacionarte con nadie y por eso usas una maquina. Sin embargo, es una visión alejada de la realidad. Seguir leyendo “¡Tú eres un viciado de internet!”