¿La vida social da la felicidad?

Tengo mis dudas. No soy ningún experto en psicología ni en sociología. En este espacio, simplemente reflexiono sobre cosas que me llaman la atención, sin que sienten cátedra. Lo cierto es que últimamente he escuchado que para ser felices necesitamos vida social, lo cual me chirrió un poco. Por varias razones: la primera la pandemia que nos aisló de todo contacto social y nos sigue restringiendo esas reuniones sociales. La otra cuestión que todo el mundo da por hecho que la persona más feliz del mundo es un monje tibetano quien, seguramente no será pródigo en relaciones sociales. Entonces ¿la vida social es una clave de la felicidad?

Matthieu Ricard
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¿Te has fijado que los demás no hacen nada?

Muchas situaciones de la vida nos invitan a trabajar en grupo. Como no me canso de decir, somos seres sociales y necesitamos relacionarnos. No podemos vivir aislados. Sin embargo, esa relación crea, en muchas ocasiones fricciones. No es fácil ver que un compañero de trabajo no se implica, no es fácil mirar como un vecino estropea un espacio común, no es fácil percibir que no todos vamos siempre con la misma intensidad y la misma dirección. Lo primero que nos viene a la cabeza es la crítica, pero ¿es saludable y positivo fijarse en lo que hacen los demás?

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Niños sin infancia

Dicen que cada vez los niños son más precoces. Aprenden a caminar antes, hablan antes y son estimulados porque de esa manera podrán progresar más. Sin embargo, por la ausencia de educación promovemos que los niños abandonen precozmente la infancia, obligándoles a madurar antes, por lo que le robamos uno de los momentos más importantes de su vida la infancia y su inocencia.

ser postivo niños sin infancia

Dicen los entendidos que uno de los motivos por los que los niños están perdiendo su infancia es por el uso de los medios sociales. Generalmente, las familias desconocen el uso de las redes, por lo que no pueden educar en ese aspecto. Lo mismo ocurre en el ámbito educativo, donde los profesores están desbordados ante un continente efímero que no controlan y, en el caso de hablar de estos temas, lo hacen para advertir de los peligros que supone la red.

Con todo, los chicos y chicas entran en un mundo desconocido sin miedo, porque todo el mundo está en él y pierden la infancia porque las redes sociales son muy exigentes y obligan a subir varios escalones de una vez sin posibilidad de reflexionar lo que hacen. Se lanzan a un mundo extraño en el que no hay reglas dejando de lado los juegos que hasta hacen unos días realizaban inocentemente. Cambian la muñeca por un pose seductor enseñando más de lo que se debe. Dejan la pelota para mostrar un pectoral o un abdomen logrado a base de no tomar el alimento suficiente. Y así se quedan sin infancia.

En esta sociedad nos quejamos de los niños sin infancia a causa del trabajo infantil y otros males en determinados países, pero no miramos hacia nuestra sociedad «avanzada» donde niños y niñas dejan de serlo para mostrarse en medios sociales que nadie controla porque a las veinticuatro horas ya ha desaparecido todo sin dejar rastro. Con un dispositivo que llevaban pidiendo años, se lanzan a un océano desconocido robándose la vida para mostrarse de una forma que no son ni les pertenece aún: ser adultos.

Dejemos que los niños sean niños. Pidamos a los niños que sean niños

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