La respuesta está en el corazón

Escuché esta afirmación hoy mismo y me impresionó. No porque sea una frase bonita, no porque sea algo estupendo que podemos decirle a alguien como respuesta a sus dudas, sino porque alberga un aprendizaje potente que todos/as deberíamos asumir. No se trata sólo de amar más y rumiar menos. No es simplemente ser enamoradizo y pasional. No es dar importancia sólo a las emociones olvidando todo lo demás. Es algo con lo que estoy plenamente de acuerdo: Habitualmente no buscamos las respuestas en nosotros mismos, sino que queremos que todo nos venga dado de fuera. O, también, no nos escuchamos todo lo que deberíamos.

La respuesta está en corazón
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No normalicemos las prisas

Vivimos muy deprisa, no cabe duda. Los días pasan rápido, las semanas y los meses. Ya estamos en Navidad y parece que fue ayer cuando estábamos tumbados en la playa tomando sol. Sin embargo, no quería compartir una reflexión sobre lo rápido que transcurre todo, aunque sea cierto, sino de querer ir más rápido que el tiempo. Me viene todo esto a la cabeza porque escuché decir a una persona que para ver las series más rápidamente, las reproduce a 1,5 de velocidad. Las voces se oyen un poco “apitufadas” pero veo más capítulos.

No normalices las prisas
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La tristeza de la costumbre

Cada día recorremos los mismos lugares, hacemos los mismos caminos, comemos casi las mismas cosas y nos acostumbramos, perdiendo la ilusión que teníamos al principio. A veces, perdemos ese brillo de la alegría “porque siempre ha sido así” o “porque soy así”. La costumbre, hacer lo mismo, nos enclaustra, nos ata y nos impide ser más felices y alegres. Hay que evitar acostumbrarse a lo de siempre y, para eso, nada mejor que ver todo con ojos nuevos.

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El descontrol nos hace más felices

Parece una tontería, pero no lo es. Vivir una vida en la que no tengamos todo atado y bien atado, produce bienestar. La razón es sencilla, si todo está controlado, si tenemos todo pautado, preparado y previsto, vamos a vivir entre el aburrimiento y la rutina. Para evitarlo hay que soltar las riendas a la improvisación y al cambio. No tenemos, ni debemos tenerlo todo controlado.

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¿Se acabó lo bueno?

Realmente ¿se acabó lo bueno? Empezar o volver al trabajo, terminar las vacaciones con esa mentalidad no nos ayuda absolutamente en nada. Considerar que los tiempos de descanso, los fines de semana, cuando salimos del trabajo, o las vacaciones, son los mejores momentos es un grave error. Especialmente porque un tercio de nuestra vida lo pasamos generalmente en ese ambiente. Trabajando, estudiando, cosas que, según una errónea creencia social, hemos de odiar.

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