El poder de las palabras

No cabe ninguna duda que las palabras tienen un poder inmenso. Las palabras son un vehículo de comunicación enorme y, a veces casi el exclusivo entre personas, de ahí las interpretaciones, malos entendidos, lo que queremos decir y que no nos salen las palabras, lo que no dijimos y alguien interpretó como dicho por nuestra boca. Pero ante todo, tiene especial importancia las palabras que usamos y que decimos, porque nos constituyen como persona.

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La incomunicación de las mascarillas

Uno de los grandes problemas que aprecio en nuestra vida social son las mascarillas. Muchos establecimientos no permiten la entrada si no se lleva la mascarilla puesta. Lógicamente no estoy en contra de llevar esta prenda que evita los contagios. Únicamente reflexiono sobre lo que dificulta la comunicación.

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¿Para qué nos sirven las redes sociales?

Nadie hoy es capaz de negar la importancia del mundo digital y las redes sociales en la actualidad. Ha cambiando la forma de comunicarnos, de relacionarnos, modifica nuestro tiempo de ocio,  de sueño… en definitiva, nuestra vida por completo. Pero, de verdad ¿para qué usamos las redes sociales?

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No tenga el disgusto de saludar…

saludoEl primer encuentro, el saludo entre personas, es indicativo de lo que sucederá posteriormente. Hay quienes tienen el disgusto de saludar. Es decir, dirigen unas primeras palabras a su interlocutor/a que parecen tener muy mala intención. Aunque no soy muy partidario de las listas, realizo una de los saludos que deberíamos desterrar de nuestros encuentros con otras personas. Continuar leyendo «No tenga el disgusto de saludar…»

Hay mucho charlatán suelto…

El charlatán, dice el Diccionario que es aquella persona que habla mucho y sin sustancia. Un hablador indiscreto, un embaucador y también una persona que se dedica a la venta ambulante y anuncia a voces su mercancía. Esta última referencia es una profesión loable, sin embargo los realmente preocupantes son los que hablan mucho y sin sustancia. Aquellos que gozan del prestigio de conseguir atraer la atención de las personas, pero que su discurso está absolutamente vacío.

Los medios de comunicación, especialmente la tele, nos muestra un modelo de comunicador que no debiéramos imitar pero, probablemente porque goza de la simpatía del público, de los aplausos programados, nos hemos ido convenciendo de que el charlatán es un ejemplo a seguir. El charlatán es aquel que habla más alto que los demás, muchas veces se abre paso en los debates mediante insultos y provocaciones. El charlatán es rápido y audaz en sus apreciaciones de manera que provoca la risa fácil y se gana la simpatía del público. El charlatán, como modelo televisivo es aquel que dice lo que tiene que decir y no tiene pelos en la lengua. Todo esto, lógicamente, tiene repercusión en todas los que siguen la televisión y está provocando una serie de patrones comunicativos entre personas que reproducen aquello que se ve en televisión y que, no siempre es acertado. Continuar leyendo «Hay mucho charlatán suelto…»