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¿Todo bien, no?

Frecuentemente usamos esa forma de saludos a otras personas. También otra bastante frecuente ¿Cómo estás… bien, no? Son tipos de saldos que me llaman muchísimo la atención porque son absolutamente incorrectos y van en contra de la comunicación. Acostumbraba a saludar así a quien me encontraba, pero en estos días he reflexionado sobre este grupo de palabras y me ha parecido de lo más elocuentes y disparatadas.

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La energía está en ti

la energia está en ti jesus marrero.jpgEsta semana me ha hecho mucha gracia un anuncio de vitaminas para profesores. Según el eslogan, “Te activan cuando lo necesitas”. Indudablemente, me parece un gran invento, si fuera cierto. Pero cada día estoy más convencido que la energía está en ti. La energía está en cada uno de nosotros y no en recursos externos. Es cierto que cada día encontramos más bebidas energéticas y complementos en tiendas especializadas y supermercados para cuando estamos decaídos. No tengo nada en contra de ellos, pero me parece que por sí solas no son nada efectivas, porque en realidad, como afirma Edgar Torres “La medicina es el arte de distraer al paciente, mientras la naturaleza lo va curando”. Una frase que me encanta y que deja claro algo que considero una verdad contundente. La medicina no tiene efectos milagrosos y, por tanto, la actitud y la determinación de quien toma esos medicamentos es fundamental en su proceso de mejoría.  Seguir leyendo “La energía está en ti”

¿Tiene sentido hacer el bien hoy en dia?

Es una pregunta oportuna, porque precisamente no vemos alrededor un comportamiento exquisito. Vemos que la competitividad es feroz entre personas, hay quienes apenas saludan en las calles, algunos no se dirigen la palabra por alguna ofensa. En el otro polo, personas que tratan de hacer las cosas lo mejor posible, aunque se encuentran con la burla, el descrédito, la mofa de quienes no entienden que hacer el bien es mejor que lo contrario.

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El bien, no obstante, es un problema complejo porque lo que para mi está bien, puede que para otros no lo es tanto. Entonces habría que ponerse de acuerdo primero sobre lo que significa hacer el bien. Entonces, mejor hablar de el mal. ¿Por qué hacer las cosas mal? En este caso no hay engaño, porque casa cual sabe cuando está fallando. Nuestra conciencia nos enciende una lucecita de alarma cuando algo no va bien en nuestro comportamiento. Aunque, por otra parte, hay una especie de “colchones” para ese mal y tratan de justificarlo con distintas frases. “por esta vez no pasa nada”, “se lo mecía”, “me quedé tan a gusto” y tantos otros.

Lo terrible de acometer el mal es que, pese a que sabemos que no está bien lo que hacemos, perseveramos en él. Con lo que nuestro carácter, nuestra actitud va cambiándonos, haciéndonos una mala persona. Nos va alejando de nuestros iguales, minando nuestras amistades, llegando a una encrucijada difícil de resolver y de la que solo saldremos con un cambio de actitud radical.

Por eso, nuestra propuesta diaria debe ser HACER EL BIEN. ¿Cómo saberlo? Cuando hacemos algo bien, una sensación de tranquilidad y satisfacción nos invade. Aunque sea nuestro bien subjetivo, si creemos de corazón que nuestra decisión fue la correcta, nuestra mente estará tranquila. No habrá preguntas, ni pesadillas, ni malas noches, porque estaremos en paz con nosotros mismos. Que, dicho sea de paso, es con quien debemos estar en paz, porque tratando de hacer. Que otros nos imponen o imponer nuestras reglas solo genera infelicidad.

Por tanto hagamos el bien. Ese bien que nos hace sentirnos dichosos. Felices con nosotros mismos, sin mirar lo que dicen los demás. Hagamos el bien que da la paz a nuestra alma. Hagamos el bien que nos da la felicidad. Siguiendo como único indicador o brújula la señal del Amor…