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¿No esperar nada para ser feliz?

Los modelos de felicidad y paz orientales tienen como hilo conductor la reducción o eliminación del deseo. Hay quien opina que parte de nuestra infelicidad reside en tener expectativas que no se cumplen. Sin embargo, en la otra cara de la moneda se sitúan quienes afirman que, para tener éxito, tienes que visualizarlo. Es decir, imaginarte, ver como serás cuando consigas aquello que te propones. Entonces, ¿Quien tiene razón?

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¿Hay que saber perder?

Muchos dirán que sí, pero con resignación o con la boca chica. Perder parece ser una palabra que no está escrito en el diccionario personal. Hemos de ser ganadores siempre. la sociedad nos educa para eso: hemos de ser los primeros, hemos de lograr un ascenso, hemos de conseguir ser «los mejores», incluso, pisando o aplastando a los que tenemos a nuestros alrededor. No estamos entrenados para perder. No nos educan ni educamos para solventar adversidades.

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Dejamos de crecer cuando…

aprender jesus marreroUna de las características de la adolescencia es la ruptura con la generación anterior. Es, quizá, una rotura justificada por la necesidad de experimentar, de comprobar por uno mismo el mundo desconocido que se despliega. Sin embargo, esa actitud en lugar de enseñarnos, se convierte en todo lo contrario, y así, dejamos de crecer.
No me refiero a crecer desde el punto de vista biológico, sino más bien al crecimiento como persona. Cuando aprendemos, crecemos. El aprendizaje nos hace más maduros, más grandes interiormente, pero hay personas que se cierran a ese crecimiento, de un modo especial cuando se responde, aunque no sea de manera explícita, «ya eso me lo sé» o  ¿que me vas a enseñar tu, si eres antiguo? Seguir leyendo “Dejamos de crecer cuando…”

Podemos aprender de los errores, siempre que no los neguemos 

No sé muy bien si es algo instintivo o que desde pequeños nos acostumbran a negar aquello que hacemos. Lo cierto es que cuando hacemos algo mal, lo más urgente es decir “yo no he sido”.  Así, de adultos, cada vez que comentemos un error, generalmente lo negamos o culpamos a otros. ¿Cuántas veces hemos dicho «es por tu culpa»? O simplemente responsabilizamos a otras personas de lo que nos sucede. Esta actitud, lógicamente, deja clara una falta de madurez y no contribuye en nada a crecer como personas ni a nuestro bienestar personal.  Seguir leyendo “Podemos aprender de los errores, siempre que no los neguemos “