¿Estudias, trabajas o te diviertes?

Manolo es un albañil que cada mañana acude a su puesto de trabajo “por obligación”. Tiene deudas contraídas de una vida normal: coche, hipoteca, algún préstamo. Cada día no ve la hora de salir del trabajo para irse a charlar con los amigos o realizar una actividad de ocio. En otra cuadrilla está Pedro, otro albañil que parece dejarse la vida en cada bloque que pone, cada día se enfrenta a un reto distinto: alicatar de la manera más proporcional posible, poner los pisos más alineados o sentar los bloques de la manera más perfecta. Al salir se reúne con sus amigos, hace deporte o cualquier otra actividad de ocio poniendo todo su corazón en lo que practica ¿Qué hace que dos personas con idéntico trabajo, derechos, vacaciones, etc, tengan visiones tan distintas de su vida y su trabajo?

Vivir intensamente cada momento
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Las relaciones que lo determinan todo

A diario mantenemos muchísimas relaciones. Esas relaciones determinan todo ¿De qué manera te relacionas con tus amigos/as? ¿Y con tus compañeros/as de trabajo? ¿Con la familia? Seguro que fácilmente podemos aportar muchos criterios de cómo nos relacionamos con otras personas. Pero la cuestión no son solo las relaciones personales, sino como nos relacionamos con todo lo que nos rodea.

¿Cómo son tus relaciones?
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Celebrarlo todo

Tenemos en casa la sana costumbre de celebrarlo casi todo. Digo casi porque seguramente habrá alguna cosa que se nos escapa. Cumpleaños, santos, aniversarios, el día de…, el final de trimestre, vacaciones, cualquier logro que tengamos, lo celebramos. Me di cuenta que era una buena cosa al leer una entrevista a integrante de una tribu que hablaba de la felicidad. Afirmaba eso: lo celebramos todo: Que llueve, lo celebramos, que hace sol, también. Cuando hay alimentos y cuando no lo hay. Siempre hay cosas que celebrar. Es una buena forma de invitar a la felicidad a nuestras vidas: celebrándolo todo.

Debemos celebrar nuestro día a día
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Comienza la felicidad

Hace algunos días, el 20 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Felicidad. Desde 2013, las Naciones Unidas nos proponen celebrar el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la misma en la vida de las personas de todo el mundo. Sin embargo, la cuestión de la felicidad parece cada día estar más en entredicho. Hay quien afirma que es un utopía, en otros ambientes hablan de la tiranía de la felicidad porque parece una exigencia. Parece que no se concibe una vida sin sonrisas, sin mostrar una felicidad que algunos/as no acaban de encontrar.

Día internacional de la felicidad

Una de las cosas interesantes que leído en estos días es la relación de la temperatura y la felicidad. Parece ser que hay una relación directa entre el clima y esa sensación. Parece que en los lugares más cálidos la población es más feliz, mientras que se tiende a la depresión o la tristeza en lugares más fríos. Parece lógico pensar que con menos horas de sol y algo más de frío tendamos a estar menos alegres. Sin embargo, esta propuesta choca con los índices de felicidad que apuntan a países nórdicos como lugares más felices, que supongo están más vinculados al bienestar que a la propia climatología.

El día internacional de la felicidad coincide con la llegada de la primavera, por algo será. Empieza un periodo con más horas de sol, asociado a vacaciones tiempo libre y alegría. Pero en ese sentido sí que soy más crítico con esa imagen de la felicidad.

Mucho se ha hablado de la felicidad y, ya he dicho en alguna ocasión, el principal problema de la felicidad, es la definición que hacemos de ella. No todos tenemos el mismo concepto de felicidad. Mientras para uno la felicidad está en acudir a la fiesta más imponente durante el fin de semana y las vacaciones, para otros la felicidad está en disfrutar de un buen camino en medio de la naturaleza.

La felicidad sobrevalorada

Le damos demasiada importancia a la felicidad. Es probable que no tendríamos que preocuparnos tanto de parecer felices, sino de estar bien. No deberíamos pretender mostrar una falsa apariencia de felicidad, con tal de quedar bien, sino más bien de buscar nuestra felicidad interior. No deberíamos tampoco asociar la felicidad a un lugar, espacio o momento, sino a una forma de ser y estar en el mundo. Habría que eliminar, por tanto, de nuestro vocabulario algunas afirmaciones como: “cuando consiga tal cosa seré feliz, cuando esté de vacaciones seré feliz, cuando llegue el fin de semana seré feliz o tu me haces feliz…” y tantas otras frases que nos decimos en las que vinculamos nuestra felicidad a situaciones externas.

No me cabe ninguna duda que la felicidad es un trabajo personal. Algo que hemos de buscar y desarrollar personalmente y no esperar a que se den las circunstancias necesarias para ser feliz. El gran error de la felicidad nace de esperar a estar en primavera o verano para ser felices, pretender que cuando nos toque la lotería, cuando tengamos ese objeto que añoramos, cuando algo suceda seremos felices.

La felicidad está aquí y ahora.

En este preciso instante. Sin esperar a que algo extraordinario suceda. Con lo que tenemos y, especialmente, con lo que somos. Esperar, desear, pretender que la felicidad llegue en un determinado momento que dependa de las circunstancias es un tremendo error. La felicidad puede ser una decisión personal. Decido ser feliz aquí y ahora. Me da igual que haga sol, que estemos en primavera o en invierno. Soy feliz con lo tengo y con lo que soy. Así de simple. De esa manera no sería necesario que nos recuerden cuando es el día internacional de la felicidad, porque todos los días lo son.

Siempre hay un margen de mejora

Ya lo aprendí todo, ya he batido mis records, estoy en la cima. No hay nada más… son frases limitantes en todos los sentidos. De algún modo creer que no hay nada más allá hace que se pierdan las perspectivas y que caigamos en un pozo o depresión. Son signos de estancamiento que nos invita a movernos. Si se dan esos pensamientos o creencias, si consideramos que está todo hecho y que no hay nada más, el deber sería empezar a movernos hacia otro lugar, buscar nuevos retos y propuestas

Siempre se puede crecer
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