No normalicemos las prisas

Vivimos muy deprisa, no cabe duda. Los días pasan rápido, las semanas y los meses. Ya estamos en Navidad y parece que fue ayer cuando estábamos tumbados en la playa tomando sol. Sin embargo, no quería compartir una reflexión sobre lo rápido que transcurre todo, aunque sea cierto, sino de querer ir más rápido que el tiempo. Me viene todo esto a la cabeza porque escuché decir a una persona que para ver las series más rápidamente, las reproduce a 1,5 de velocidad. Las voces se oyen un poco “apitufadas” pero veo más capítulos.

No normalices las prisas
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Alegrarnos por las cosas sencillas

No sé muy bien en que momento se popularizó que para tener una buena vida hay que tener mucho éxito, ser el “jefe” de una empresa maravillosa en la que se trabaja poco y se gana mucho, tener una familia increíble compuesta por personas esbeltas, atléticas, simpáticas y adorables que conducen coches últimos modelos, con vacaciones de ensueño y en una casa con jardín, barbacoa, perro y el doble de habitaciones de las personas que componen la familia. No sé en qué momento pusieron el listón tan alto, que se nos olvidó disfrutar de las cosas sencillas.

¿La casa de los sueños?
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Planeta autosuficiencia

Le estado dando vueltas a este planeta durante esta semana. Realmente no existe un planeta así, pero sí que se me ocurrió que algunos viven en ese espacio porque cada vez parece que hay menos solidaridad, menos perdón, menos empatía, menos consideración hacia los demás, menos cooperación y petición de ayuda. El individualismo en el que nos encontramos nos hace considerarnos autosuficientes, sin necesidad de pedir ayuda… “ya lo hago yo”, “yo lo sé y si no, busco un tutorial” Pero ¿hay algo más maravilloso que pedir ayuda? ¿Hay algunas sensación más increíble que ayudar a quien nos pide esa ayuda?

No somos superhéroes
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El poder de las palabras

No cabe ninguna duda que las palabras tienen un poder inmenso. Las palabras son un vehículo de comunicación enorme y, a veces casi el exclusivo entre personas, de ahí las interpretaciones, malos entendidos, lo que queremos decir y que no nos salen las palabras, lo que no dijimos y alguien interpretó como dicho por nuestra boca. Pero ante todo, tiene especial importancia las palabras que usamos y que decimos, porque nos constituyen como persona.

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Si te sientes mal… siéntate bien

Esa era una de las frases simpáticas que nos decían de pequeños. Con la intención, imagino de contestar de manera sarcástica o para quitar importancia a las posibles dolencias de cualquier enano. Algo que, obviamente, enfadaba a cualquiera. Por si fuera poco, el repertorio con este tipo de respuestas es amplio: me duele la barriga, pues tira de ell para arriba, Me duele el… (aquí cualquier parte del cuerpo) pues duélele tu a él y así el repertorio puede ser larguísimo. Sin embargo, ahora un poco más en serio, leí hace unos días algo relacionado con nuestras sensaciones y cómo nos afectan ¿Podemos controlarlas? ¿Estamos a merced de lo que dicta arbitrariamente nuestro organismo y no podemos hacer nada para cambiarlo? O, lo que nos interesa más, ¿si me encuentro mal puedo cambiarlo y empezar a sentirme bien?

Siéntete bien
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