¿Cómo motivarnos?

Es frecuente escuchar: no estoy nada motivado para estudiar, no me apetece demasiado realizar esta o aquella actividad. No me motiva hacer esto o aquello otro. Así que la pregunta parece pertinente: ¿hay posibilidad de motivarse o automotivarse? ¿Qué teclas habría que apretar para lograr la motivación para empezar un trabajo, una actividad? ¿Cómo es posible que haya personas que tengan motivación para hacer deporte, trabajar y a otras nos cueste tanto? Son grandes y maravillosas preguntas, sobre las que reflexionar. Empecemos con algunas decepciones:

La motivación se puede mejorar

Primera decepción: Como en casi todas estas cosas no hay soluciones mágicas. No hay o al menos, por lo que he leído y visto en los últimos días, una tecla que yo presione y ya tenga un extra de motivación, sino que hay un conjunto de circunstancias que me hacen estar más o menos motivado para la actividad que quiero desempeñar.

Segunda decepción: No podemos estar al 100% motivados siempre. Es imposible. Hay momentos mejores y peores. Como en todo, hay tiempos álgidos y otros más difíciles. De lo que se trata, creo es de tener una motivación media alta. Es decir, tener herramientas para que nuestros límites de motivación no caigan en la apatía y en la desgana. Habrá tareas más agradables y otras menos. Lo ideal es tener siempre un mínimo de motivación para cualquier cosa que emprendamos.

Hay dos claves fundamentales y que me parecen super interesantes: La primera en relación a nuestros hábitos y salud. A veces descuidamos ese aspecto y es, sin duda, fundamental. Es decir para estar motivados hemos de tener unos hábitos de vida saludable. Por ejemplo: no podemos estar muy motivados para trabajar si anoche estuvimos de fiesta. Tampoco podemos estar muy motivados, si llevamos muchas horas sin comer o hidratarnos. Por lo tanto, aunque parezca una tontería, tener hábitos de vida saludable contribuye a nuestra motivación. No estamos tan cansados, no tenemos hambre ni sed, estamos en un buen estado físico porque practicamos algún deporte asiduamente, ayuda notablemente a emprender cualquier tarea con ganas, ilusión y motivación.

La segunda clave tiene que ver con la organización y cómo afrontamos nuestras tareas. Me parece pertinente la preparación y, entiendo por preparación todo aquello que hacemos para disponernos hacia el trabajo que hemos de afrontar. Ver cuál es el objetivo que queremos, dividirlo para que sea más asequible y medible. Es decir si mi intención es motivarme para escribir un libro en un año, lo lógico será pensar en un capítulo cada mes, por ejemplo compuesto de determinadas páginas por semanas, para poder apreciar la evolución. De las metas hay mucha literatura, por eso quiero insistir en cuestiones que a mi, personalmente me funcionan:

Lo primero es la disposición. Me parece super bueno preparar el terreno. Por ejemplo, si voy a cocinar, preparo un espacio para trabajar, si voy a escribir, dispongo el lugar adecuadamente. Me resulta más fácil y más motivador tener un entorno apacible, más que un lugar desordenado o sucio. La segunda clave es negociarte. Esto es ver que tareas debes hacer y hacerte un plan: esta me gusta más, la otra menos y ver de qué manera las afrontamos. Hay quien propone empezar pos las complicadas y dejar para el final las fáciles. Mi propuesta es planificar: ver por donde empezamos y por dónde concluimos.

Compartirlo y darte premios: Son dos claves importantes. Compartir aquello que haces con tus amigos/as o familiares, es maravilloso porque exterioriza, le da sentido, dan opiniones y por supuesto genera autoestima sobre ese trabajo que haces. Los premios siempre son buenos. Regálate algo cuando consigas subir un peldaño, date un homenaje de vez en cuando, celebra tus logros. Recuerdo al estudiar que, cuando terminaba un periodo de exámenes o un cuatrimestre, preparaba una cena especial en casa, con algunas chuches, algo sencillo que motivaba y animaba a seguir, tras superar un periodo. Lo que si es muy importante de los premios es que no vayan en contra de la meta. Es decir, si la meta es hacer dieta o bajar de peso, el premio no debería ser tomarse una caja de bombones.

¿Y si mi trabajo es antimotivador por naturaleza? Si no me gusta lo que hago, si mi oficio me parece triste, deprimente y no le veo sentido, más que el sueldo a fin de mes. Entonces sólo hay dos soluciones. La primera: déjalo. Cambia. No eres un árbol, no tienes que estar plantando. Puedes empezar a buscar en otra cosa que te atraiga más, que te guste, en la que te sientas bien. Puedes y debes cambiar. La otra opción es: buscar el sentido a lo que haces, dentro o fuera de la ocupación. Dentro del trabajo, entendiéndolo como un servicio a los demás. Casi todo las profesiones tienen vocación de servicio, piensa que ayudas a otras personas o colectivos. Y la otra propuesta sería buscar la motivación fuera, en un hobby o actividad que después del tiempo laboral te motive y te atraiga, de manera que no te centres sólo en el trabajo remunerado.

Diálogo, diálogo, dialogo… Especialmente con nosotros/as mismos/as. Porque como decía al comienzo no hay soluciones mágicas. Por tanto, la única manera de descubrir cómo mejorar algunos aspectos de la motivación sólo lo conseguimos con el diálogo interno. Observando cuando estamos motivados ¿qué sucede en nuestro interior? Lo mismo que cuando no lo estamos así, podemos corregir uno y mejorar otro.

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