Cuando todo es una queja…

Desconectar. Así debería ser. Cuando encendemos la tele y todo son noticias tristes, mejor no verlo, cuando leemos un periódico e, igualmente las noticias no son buenas, convendría no mirarlo. Sería interesante cultivar la positividad, aislándonos u obviando aquello que no nos ayuda a mirar la vida con optimismo. Precisamente, circulan, con este comienzo de año, algunos mensajes negativos con respecto al nuevo periodo que comienza ¿pero es que alguien esperaba que el nuevo año fuera un borrón y cuenta nueva o poner contador a cero?

Deberíamos desarrollar el optimismo en este nuevo año

Cuando todo es una queja, es bueno alejarse de ellas. Desde mucho ámbitos, se propone con razón, alejarse de lo tóxico y, precisamente esos mensajes, a veces disfrazados de gracia, no nos ayuda mucho. “Parece que el 21 sigue en la línea del 2020” “ahora una nevada, mañana vendrán los OVNIS” “Parece que 2020 le esta sujetando el cubata al 2021”, son algunas de esas frases que circulan en las redes y que no ayudan mucho a mantener la esperanza, porque en el fondo nos dicen que todo irá igual o peor.

Cuando todo es una queja, mejor no hacer mucho caso. Darle la vuelta, sonreír o no hacer demasiado caso a esos mensajes. No es nueva la idea de alejarnos de lo tóxico. Desde muchos ámbitos se nos invita a huir de las personas negativas o tóxicas. A veces de manera sutil nos atrapan, poco a poco se apoderan de nuestra compañía y nos cambian nuestra visión de la vida. Así mismo ocurre cuando nos rodeamos de quejas continuas.

Una de la formas de fomentar la positividad y la alegría es cambiar nuestro modo de ver las cosas. Rodearnos de quejas y reproches en nada ayudan a nuestro bienestar personal. En nada nos ayuda pensar que este año que ha comenzado sigue igual que el anterior. Es lógico que siga más o menos igual, pero no deberíamos perder la esperanza. Siempre hemos de creer que un mundo mejor es posible.

En más de una ocasión he hablado del libro “El hombre en busca de sentido” de Victor Frankl. El nos da su testimonio, concluyendo en que morían o se dejaban morir aquellos que perdían la esperanza. Sin embargo, lograron sobrevivir quienes tenían su motivación en alguien o algo que les esperaba fuera de los campos de concentración. Por tanto, no perdamos nunca la esperanza. No nos dejemos arrastrar por la queja.

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