Carta a los Reyes Magos

Cada año suelo escribir mi carta. Unas veces de forma pública, como ahora y otras, de manera privada, sólo para la familia. La carta de reyes suele ser una lista de deseos más o menos ordenada por preferencias o gustos. Sin embargo, corre el riesgo de convertirse sólo en una lista de cosas que necesitamos o queremos. Sin embargo ocurre que, con el paso de los años, cuando vamos madurando, esa lista deja de albergar cosas materiales y empieza a enumerar cosas más profundas no tan materiales, como en esta ocasión.

Acabamos un año complicado y empezamos uno que continúa en la misma tónica. Con algo más de esperanza porque aparece la vacuna que puede solucionar todo este problema. Pero me parece que, con la posible solución en marcha, nos cuesta aprender de todo lo vivido. Por eso, en primer lugar me gustaría pedir un poco más de compromiso social y sensibilidad. Hace algo más de una década vivimos una tremenda crisis económica. El posible aprendizaje de aquello debería ser no seguir con un consumo excesivo, no endeudarnos por encima de nuestras posibilidades, que existiera una banca más ética, pero vemos que nada de eso ha ocurrido. Creo, hemos vuelto a las andadas y estamos igual que antes de aquella crisis. Por eso, me gustaría ahora pedir que, de verdad exista una conciencia y cambie, para bien nuestra forma de entender y vivir en este planeta.

Pido a los Reyes Magos una mayor conciencia de nuestra fragilidad. No somos super héroes y vemos que una enfermedad que ocurría al otro lado del planeta, se acaba convirtiendo en una pandemia mundial. Así, lo lógico sería incrementar nuestros lazos como humanidad, respetar y valorar a cada uno/a de los que habita en este planeta. Porque muchos mirábamos hacia China o Italia, pensando que nada de lo que allí sucedía nos iba a afectar. Por eso deberíamos empezar a sentir como hermanos y parte nuestra a cualquier habitante de este planeta. Espero que los Reyes también tengan en cuenta esta petición.

Sería estupendo, queridos Reyes Magos, que aprendiésemos a sentir lo global como algo personal. Una de las coas que más me ha entristecido es ver como algunos no hacen caso a las propuestas o normas del Estado. Incluso, en algunos países, haciendo manifestaciones contrarias al confinamiento o uso de la mascarilla. No digo que dejemos de ser críticos con lo que consideramos incorrecto o injusto, sino que en momento de unidad, debemos estar juntos y, luego, al superar esa prueba, ya habrá tiempo de valorar lo que se hizo bien y lo que no. No podemos vivir como si no nos afectara, como si no fuera con nosotros o intentando saltarnos la norma. Tendríamos que aprender a comprometernos ante lo global y lo comunitario como algo personal, sentir el planeta y sus problemas como algo íntimo y propio

Dios quiera queridos Reyes Magos de Oriente que aprendamos de lo vivido y que, cuando pase todo, no recordemos el 2020 como el año lamentable y desastroso, sino como el que aprendimos a vivir como humanidad comprometida y conservadora de nuestro desarrollo. No pensando sólo en el beneficio personal, sino el global, donde el tener poder o riqueza a costa de empobrecer a otros, no puede ser un sistema válido para nuestra preservación.

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