¿Ante una misma situación preferimos lo negativo?

Escuché en la radio —me encanta este medio—, hablar del sesgo de negatividad. Esta propuesta afirma que ante dos posibilidades idénticas tendemos a la más triste o negativa ¿será cierto? Ponían un ejemplo: Nos regalan un refresco y eso nos alegra, pero si lo perdemos o se nos rompe, nos molesta y crea en nosotros un malestar peor que la alegría de tener ese refresco o cualquier otro objeto. Ante la misma cosa, una positiva y otra negativa, nos quedamos más con lo negativo ¿Por qué es eso? ¿Será que estamos programados para la negatividad?

Siempre me he preguntado porqué no preferimos la felicidad a la negatividad. Porqué, cuando te encuentras con alguien, generalmente empieza a contarte cosas negativas o malas. Es incomprensible. Imagina que te encuentras a alguien que no ves desde hace algún tiempo, le preguntas ¿como está? y lo normal es que te diga, ahí… tirando… a ver como escapo… con todo lo que nos está cayendo… y muchas otras frases negativas. Si, además, te quedas un rato y profundizas en la conversación, seguro contará lo mal que le va en el trabajo, la familia, con los amigos, de un problema que tuvo con alguien o cualquier cosa de salud que le esté aquejando.

Así que ese “sesgo de negatividad” debe tener algo de razón. Al menos eso es lo que parece a juzgar por lo que nos ocurre en la vida cotidiana. Pero apuesto por un cambio ¡Es fácil! Hace mucho que lo aprendí y, en las conversaciones con las personas procuro dos cosas: no contarle mis penas y no tratar de mejorarle, que es algo que hacemos con mucha frecuencia.

¿A qué me refiero con no tratar de mejorarle? Tenemos la muy mala costumbre de que cuando alguien nos cuenta algo, nosotros lo tenemos mayor. Imaginemos, alguien nos dice que ha ido al dentista con un dolor de muelas. Automáticamente le empiezo a hablar de mis prótesis, pinchazos, extracciones y demás cosas por las que he pasado por el dentista ¿Qué sentido tiene? Ninguno. Absolutamente ninguno. Porque quien te está contando su historia se quedará con cara de tonto/a. Trataba de contar algo que me sucede y resulta que no me escuchas, sino que me cuentas el tuyo. Es una situación muy, pero que muy frecuente.

Este tipo de conversaciones, son especialmente malas entre embarazadas y mamás. La embarazada empieza a contar como se siente, pesada, no descansa bien, náuseas y las mamás rápidamente empiezan a hablar de sus hijos, sus partos y la pobre embarazada, en lugar de sentirse escuchada, comprendida y animada, en lugar de ser protagonista, se queda con cara de tonta, por haber dicho como se siente.

Creo que deberíamos ser especialmente sensibles a no contar, no interrumpir, mordernos la lengua, cuando alguien nos habla de como se siente. Es un error imperdonable que alguien que esté pasando por una mala situación y nos diga como se siente, le interrumpamos para decirle que eso son boberías o que ya hemos pasado por eso y darle consejos. Aprendamos por tanto a escuchar y no soltemos nuestras cosas, especialmente las malas, cuando alguien nos cuenta algo.

La segunda cuestión que propongo para evitar ese sesgo de negatividad es: no contar las penas. Así cuando alguien me pregunta como estoy. No contesto bien, sino MUY BIEN. Aunque tenga un mal día, aunque realmente no esté bien por cualquier circunstancia. Luego si se profundiza en conversación podemos hablar de fútbol,del tiempo, de política… y de las alegrías de la vida, de lo bonito de una puesta de sol, del trabajo bien hecho, del regalo que te han hecho… de cualquier cosa, antes de contar mis penas. No tiene ningún sentido ir contando las penas al primero/a que me encuentre. Las reservo para personas más cercanas donde tentamos esa confianza para contar y hablar de todo.

Es probable que esto no sea la solución a ese “sesgo de negatividad”. Sin embargo, algo va cambiando en nosotros/as cuando escuchamos a los demás y cuando no contamos lo mal que nos va, a todo el mundo. Si a eso le añadimos algo de agradecimiento y una pizca de positividad, seguro que se forjarán, con el tiempo, grandes cambios en nuestra vida para, al menos que no nos sintamos peor ante una misma situación, como dice esta propuesta.

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