Llegar antes, no siempre es mejor

Seguramente, cada año escribo algo relacionado con la premura en colocar los adornos navideños en casa. Considero que no por ponerlos antes, nuestra navidad va a ser mejor. No por tener la casa más tiempo decorada, nuestra felicidad será más plena. Parece que hay prisa por colocar la decoración en las casas. Supongo que siguiendo, el empuje comercial que desde octubre ya habían referencias a estas fiestas, muchos han decorado ya sus hogares. Desde hace semanas tengo noticias de personas que han decorado sus hogares.

No hago un juicio de valor, quien decora desde octubre, motivos tendrá para ello. Sin embargo, desde siempre en este espacio abogo por disfrutar cada cosa en su momento, en no dejarnos influir por lo comercial y por el consumo. Pero parece que este año hay más prisa, si cabe, por llegar a la Navidad… por si acaso nos confinen nuevamente. Percibo como cierto agobio por llegar antes, por poner la navidad antes, por celebrarlo todo muy deprisa, sin disfrutarlo plenamente. Por eso, parece necesario, parar, detenernos, disfrutar de cada cosa un poco más.

Tengo la sensación, puede que equivocada, que si colocamos el árbol y el nacimiento desde octubre, a mediado de diciembre, tendremos ganas de aventarlos, por cansancio y aburrimiento. Es verdad que se trata de una fiesta bonita y que, confieso, me encanta, pero parece que en exceso, puede ser cansina. Seguramente, cuando llega la Navidad estamos cansados de escuchar villancicos y, ya casi no nos apetezcan, por culpa de oírlos por todas partes desde mucho antes de Navidad. Lo mismo creo sucede con los turrones y dulces navideños: Lo tenemos tan al alcance desde meses antes, que cuando llega las fiestas del 24 y 31 de diciembre, los tenemos aborrecidos.

Por eso es que llegar antes o tener antes la Navidad en casa, no significa que sea mejor. Más bien apuesto por celebrar bien esos días cuando corresponden. Disfrutarlas intensamente cuando correspondan. Mi idea desde hace años es decorar en los primeros días de diciembre y mantenerlos hasta después de la Epifanía. Tiempo más que suficiente, creo.

Con todo, la propuesta sería no querer llegar antes. Parar. Detenernos. Disfrutar de lo que hacemos. Vivir cada instante intensamente. De la Navidad, de las vacaciones, del fin de semana, de cualquier cosas, porque percibo cierto apuro, demasiada velocidad en casi todo lo que hacemos, que parece que se nos está olvidando vivir de verdad. Dejemos las prisas, disfrutemos de la vida, del momento y del presente. Llegar el primero no siempre es ganar o ser el mejor

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