El amargado de la vida

Hay un libro, creo, titulado “El arte de no amargase la vida”. Sin embargo, pese a que seguir sus consejos, imagino será muy bueno para no ser un amargado y ser feliz, resulta que cada día nos encontramos con muchas personas amargadas, que no son felices. El diccionario, sobre los amargados/as dice que es alguien que guarda resentimientos por frustraciones o disgustos. Es decir, alguien que, por cosas ocurridas en el pasado se siente maltratada o dolida y por eso paga su frustración con todos y con todo.

No he leído el libro que mencionaba. Pero imagino que la mejor opción para no amargarse la vida es vivir el presente. Por lo que nos dice la definición, amargarse proviene de situaciones ocurridas con anterioridad; por tanto, la mejor opción es olvidarse del pasado, por mucho daño que nos haya causado. Es verdad que todo lo que nos ha sucedido en la vida nos proporciona un aprendizaje único e irremplazable, pero recordar, revivir, rememorar continuamente esos momentos, no cabe ninguna duda que únicamente nos agrian y nos amargan la vida.

Sin embargo, no siempre el amargarse la vida no es sólo por situaciones del pasado. Tengo la impresión que es una forma de vida. Hay quien se conecta a una forma de vida amargada y no sabe como salir de ella. Es decir, quien protesta por todo, a quien todo le parece mal, quien desconfía siempre de todo el mundo y de toda situación. El amargado/a, es especialmente desconfiado/a. Cree que le quiere engañar en la administración, en el supermercado, el médico y hasta los propios miembros de la familia. Así pues, una buena forma de no amargarse la vida, es confiar en todos aquellos que nos rodean.

El amargado/a supongo que en algún momento descubrió que esa forma de ser era adecuada. Es decir protestó, se enfadó, increpó a otras personas y creyó que aquello estaba bien. A partir de entonces actúa de esa manera. Luego, su carácter se va agriando hasta que pocas personas le escuchan y le atienden. Generalmente, solemos decir que alguien es “un amargado/a de la vida” y nos alejamos de ella.

La vacuna para no amargarnos la vida creo, en primer lugar es la confianza, tal como indicaba antes. Confiando en los demás, seremos un poco menos amargados/as. La segunda opción sería el fluir un poco más con lo que nos sucede. Como propone la oración de la serenidad : “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar” Es decir, si no puedo modificar algo ¿para qué me voy a amargar la vida? Por ejemplo si tenía programado ir a la playa y se pone a llover ¿para qué me voy a amargar? Cambia de planes, sonríe y realiza otra actividad. Si alguien nos falla, no dejes de confiar en otras personas. Sigue confiando. En esa persona, no. Pero sí en otras que puedan ayudarnos y compartir otras muchas buenas experiencias.

No seas un amargado/a de la vida. Celebra cada instante, disfruta de todo lo bueno y bello que nos ofrece este mundo. Amargarse es una pérdida de tiempo.

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