Respetar las diferencias

Muchas personas piden respeto. A sus ideas y convicciones, respeto a sus gustos y a la forma de pensar. Quiero respeto por mis gustos y aficiones, quiero que se me respete mi libertad mi ideología, mis derechos y así, podríamos enumerar una lista interminable de solicitudes de respeto que cada cual pide para sí. Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se pide que se respeten las ideas contrarias, la de los otros/as. Me da la impresión que pedimos respeto con demasiada facilidad, sin ser capaces de respetar las ideas de los demás.

Hay quien pide respeto hacia su ideología política, por ejemplo.Pero, a renglón seguido, no se duda en afirmar que la ideología opuesta es la mayor estupidez del mundo. Se da por hecho que hoy en día debemos respetar a quien es de izquierda, animalista, verde, ecologista, vegano, minimalista… que parecen estar de moda. Sin embargo, y no es que defienda una cosa ni la otra, pero quien es de derecha, no le gusten los animales y se coma tres chuletones al día, es una persona totalmente despreciable ¿Ese es el respeto?

Hay que estar guapo/a ser delgado, cuidarse, bronceado/a. Hay que publicar la foto en la playa o en un lugar de vacaciones, fingir una sonrisa y aparentar llevar una vida feliz. Así una persona con sobrepeso será objeto de burlas e insultos, quien no es agraciado físicamente, será poco menos que un desecho humano y quien no publica en sus redes sociales una foto de moda en la piscina o la playa en estos días, será el hazmereír social ¿Eso es respeto?

Se pide con mucha facilidad respeto a la diferencia, pero ¿los diferentes respetan a quienes no son sus iguales? Reclamamos con mucha facilidad respeto para nuestras ideas y convicciones, pero no atiende a las contrarias. Un ejemplo claro lo veo con mucha frecuencia, y por eso esta reflexión, en quienes tienen mascotas. Llevan sus perros por la calle, unas veces sueltas, otras amarrados y se te acercan, te lamen, te olisquean y por mucho que les digas que no te gustan los animales, no lo entienden. No respetan tu gusto. Te miran con desprecio ¡pero si es buenísimo, no muerde! Hay que respetar a los animales y a los animalistas, pero a quien no le gusta, se tiene que aguantar. No tienes derecho al respeto a tu gusto.

Respetar y ser respetado. Con todas sus características y con mi derecho a que se me respete un gusto aunque sea minoritario. Tengo derecho a que no me guste la playa, que odie las vacaciones o que no me guste el agua. Cuando hablamos del respeto a la diferencia, deberíamos respetar al diferente del diferente. Es decir al contrario a mis ideas. Sin enfados, sin alterarse. Entendiendo que cada cual tiene el derecho a ser respetado por sus opiniones y gustos diametralmente opuestas a las mías. Pero, a pesar de eso, soy capaz de entenderle y amarle porque, el que tengamos visiones diferentes, no implica que no podamos ser amigos y compartir otras muchas cosas. No te tengo que odiar porque seas diferente o pienses diferente. Más bien todo lo contrario, me encanta tu forma de ser distinta a la mía. No creo que me insultes, ni me molestes cuando expresas tu opinión que no comparto. Mucho menos me lo tomo como algo personal en mi contra. Simplemente te respeto y pido respeto a que yo piense diferente.

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