La tristeza de la costumbre

Cada día recorremos los mismos lugares, hacemos los mismos caminos, comemos casi las mismas cosas y nos acostumbramos, perdiendo la ilusión que teníamos al principio. A veces, perdemos ese brillo de la alegría “porque siempre ha sido así” o “porque soy así”. La costumbre, hacer lo mismo, nos enclaustra, nos ata y nos impide ser más felices y alegres. Hay que evitar acostumbrarse a lo de siempre y, para eso, nada mejor que ver todo con ojos nuevos.

ser positivo la tristeza de la costumbre

Dicen que las personas somos “de costumbre”. Es decir, nos acostumbramos con facilidad a hacer lo mismo, a las mismas comidas, a los mismos recorridos, a realizar las mismas cosas día tras día, de lunes a lunes. Así, nos adentramos en el abismo de la infelicidad. No en vano, muchas parejas se rompen por el aburrimiento. Algunos se dejan porque no hay nada nuevo, siempre es igual, lo mismo. Algunas empresas fracasan porque no tienen nada nuevo que ofrecer. Los negocios se van al traste porque no se han actualizado o se anclan en la rutina sin innovar. La sociedad, las empresas el mundo, pide personas con capacidad de innovación, que significa no anclarse en la rutina y la costumbre.

Deberíamos “desacostumbrarnos” o desapender como dicen ahora. Es decir, poner en duda, relativizar aquello que nos ata y nos “obliga” a hacer siempre lo mismo. La mejor forma de hacerlo es borrar de nuestro vocabulario el “siempre ha sido así”. Además otra clave es preguntarnos ¿Y por qué no? Es una pregunta que siempre me ha gustado y que me planteo con mucha frecuencia cuando quiero hacer algo. ¿Y por qué no… hacer un blog, tocar un instrumento, aprender un idioma, hacer un kilómetros más de deporte, hacer algo nuevo, cambiar de trabajo, proponer un proyecto nuevo… ? La respuesta más habitual a esas preguntas suele ser una: Por miedo, al que dirán, a que digan que no, a fracasar… y así, por no internarlo, por esos miedos, nos dejamos llevar por la tristeza de la costumbre que nos atrapa y nos invade, hundiéndonos en una vida triste, en una triste vida…

Por tanto, te vas a dejar arrastrar por la tristeza de la costumbre o te vas a preguntar ¿y por qué no?

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