Necesitamos relaciones de verdad

Nos quejamos de una sociedad líquida. Algunos utilizan este apelativo para una forma de ser que se diluye rápidamente. Nada pertenece, todo es provisional, nada se mantiene, todo es mudable. En medio de esta sensación de provisionalidad, debería imperar el modelo de relaciones de verdad. Me viene a la idea esta cabeza después de escuchar un testimonio de una persona que, en  sus notas de móvil a través de los contactos llevaba un registro de cada cual. Es decir, además, de sus datos de contacto como teléfono y dirección, en un espacio libre ponía informacion de su familia, de sus preocupaciones. ¿Se imaginan hablar con alguien que hace tiempo que no veíamos y que nos recuerda las relaciones y preocupaciones que le contamos hace años? Sería, sinceramente maravilloso.

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Esta sociedad líquida de la que hablaba antes, hace que, en ocasiones, en nuestros encuentros con otras personas hablemos de cosas banales, sin interés, sin miradas comprensivas, sin interesarnos de verdad por lo que los demás piensen o digan. Haría falta volver al encuentro de verdad, a las relaciones de verdad, a la amistad de verdad. Puede que algunos culpen a las tecnologías de esos cambios negativos para el mundo. Seguramente, algo tendrá que ver, ya que estamos muy acostumbrados a vivir demasiado deprisa, a olvidar con facilidad, a que todo se diluya de un día para otro. Quizá no interese demasiado la conversación que se sustituye con la foto de sonrisa forzada. Tenemos muchos amigos y muchos likes en las redes sociales, pero pocas relaciones verdaderas.

Precisamente, un motivo de felicidad para las personas es tener relaciones verdaderas y sinceras, aunque sea con unas pocas personas. El mayor enemigo de esta sociedad es precisamente, la soledad. Una soledad que se fragua a veces, tras las pantallas. Idealizamos, mostramos nuestro mejor rostro a desconocidos y nos cuesta, por otro lado, sostener la mirada a quien nos está hablando desde el corazón.

Apostemos y trabajemos por las relaciones de verdad. En nuestro entorno, con nuestra pareja y amigos. Con los más cercanos. Dejemos de lado la trivialidad de la relación líquida que no nos aporta demasiado, preocupándonos por quienes tenemos cerca de forma sencilla. A veces, como hacía aquel hombre, apuntando en su hoja de contacto alguna informacion de las personas conocidas. No ya por querer llevar un registro personal, sino también porque el simple hecho de realizar esas anotaciones significa que nos preocupamos de verdad por el otro. Algo, en este mundo líquido, a veces, tan difícil.

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