Disfruta de las pequeñas cosas que nos hacen felices

Parece una tontería y una perogrullada, pero no lo es. A veces, creo que no disfrutamos lo suficiente de aquello que tenemos y que nos hace feliz. Nos complicamos demasiado tratando de buscar una felicidad lejana, inalcanzable, que nunca llega, cuando en el día a día hay cientos de cosas sencillas, pequeñas, diminutas que nos hacen la vida feliz y maravillosa.

Nos complicamos demasiado la vida corriendo detrás detrás de momentos que nunca llegan y perdemos de vista instantes maravillosos irrepetibles. Es, como si viajásemos en un tren con las ventanillas cerradas, queriendo llegar al destino sin ver nada del paisaje, del momento presente y actual que también es absolutamente maravilloso. 

En nuestra vida cotidiana hay cientos de momentos increíbles de los que no disfrutamos porque estamos distraídos o esperando “la gran felicidad” que se demora infinitamente. Una tarde de lluvia enrollado en una manta viendo televisión o leyendo, una puesta de sol, una charla con alguna persona, colocar un cuadro en la pared, hacer un dibujo (aunque salga mal), son pequeñas cosas cotidianas que nos pueden hacer enormemente feliz y que no hacemos esperando a que llegue primero de mes para poder tener el dinero necesario, en fin de semana, para tener un poco de tiempo o en vacaciones porque así… y finalmente nos perdemos el paisaje maravilloso de la vida de cada día en pequeñas cosas que nos hacen felices.

Cada vez que pienso en los detalles cotidianos que deben hacernos felices, me viene a la cabeza un relato inspirador de un profesor que preguntó a los alumnos ¿Cuáles eran, a su juicio, las maravillas del mundo? Pronto, los estudiantes se afanaron en proponer monumentos y discutir cual era el mejor. Unos proponían las pirámides de Egipto, otros hablaban del Canal de Panamá o el Gran Cañon en Arizona. La Muralla China también era propuesta o la Basílica de San Pedro en Roma. Mientas discutían y trataban de confeccionar la lista de mayor a menor, el maestro notó que una estudiante no participaba del debate y se quedaba ensimismada en su trabajo, tratando de confeccionar su lista. 

Así que se acercó a ella para interesarse por su trabajo y le preguntó si estaba teniendo problemas para realizar su trabajo, a lo que la estudiante respondió que si. No terminaba de decidirse. El maestro entonces, le dijo que les mostrara su trabajo y así, entre todos la ayudarían. Ella con voz tímida dijo: 

Creo que mi lista de las maravillas del mundo son: poder ver, tocar, sentir, escuchar, saborear, reír, amar… Cuando escucharon aquello la clase quedó en un profundo silencio. 

Valoramos aquello lejano, increíble, prodigioso, extraordinario, pero nos olvidamos de las cosas sencillas de las que podemos disfrutar cada día, como la capacidad de ver, sentir, caminar… Disfrutemos y valoremos las cosas pequeñas, cotidianas de cada día como camino hacia la felicidad. 

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