Repartir abrazos

A nadie se le escapa que somos seres relacionales, sociales, que nos necesitamos unos a otros. Sin embargo, según hemos ido «progresando», se ha considerado la parte social—sentimental como algo poco valioso o que no hemos de tener en cuenta, ya que algunos se empeñan en que forme parte únicamente de la parte más íntima de la persona. Así nadie habla de sentimientos, pero, en cambio sí se considera y se valora como importante otros saberes de la vida.

Ser positivo Abrazos

En la escuela empiezan a realizarse tímidos esfuerzos por trabajar ese aspecto fundamental de la persona. Asignaturas como creatividad, emociones empiezan a formar parte del curriculum escolar. Sin embargo, lo hacen como cenicientas a las que no se le da la importancia necesaria. ¿Qué es más importante para el desarrollo personal conocer bien ecuaciones, análisis gramatical, idiomas o una buena estabilidad y desarrollo emocional? No creo que una cuestión tenga que prevalecer sobre la otra, pero sí que debería empezar a dársele importancia a lo que somos y sentimos.

Algunos se empeñan en valorar sólo los conocimientos y las opciones materialistas: aquello que vemos, que comprobamos, que es científicamente demostrable. Premiamos un conocimiento científico y parece que para ellos, el amor, los sentimientos, lo espiritual, no tiene ninguna importancia, cuando precisamente, el bienestar emocional es capaz de hacer que todo lo demás funcione. Esa misma corriente nos propone que lo verdaderamente importante es hacer cosas, tener cosas, tener éxito… pero no se valora lo importante: SER alguien.

Me dedico al apasionante mundo de la enseñanza y esta semana comencé en un curso sobre creatividad y emociones. Es la tercera vez que yo recuerdo, en la que dentro de una formación, se nos habla de los abrazos. Por tanto, dos veces anteriores me habían explicado y habíamos practicado «dar buenos abrazos», sin que esto supusiera ningún cambio en mi trabajo diario. Sin embargo, como se suele decir, a la tercera va la vencida. Pues inmediatamente, al día siguiente he propuesto a los estudiantes que, antes de empezar la clase nos saludemos. Si puede ser con un abrazo, si no, con un apretón de manos y, por supuesto, si alguien no quiere no está obligado a hacerlo.

La respuesta en estos tres días de práctica ha sido maravillosa. No se pierden cinco minutos saludándonos al comienzo de la sesión, todo lo contrario, el ambiente cambia espectacularmente. Empezamos el trabajo con una sonrisa, con mayor atención, conectados, felices. Estamos ante una semana importante para el mundo de los sentimientos, porque en este febrero se conmemora a San Valentín, patrón de los enamorados. Quizá deberíamos dejar de lado lo material (no es necesario tanto regalo) y empezar a abrazar más, amar más. Porque la verdadera felicidad radica precisamente en sentimientos y no en tener o hacer cosas por importantes que estas sean. La positividad, la alegría y la felicidad la podemos cultivar simplemente dando unos buenos abrazos al día.

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