Reflexiones Reales y Magas

La jornada de este fin de semana pone el punto y final a las celebraciones de la Navidad. Dos semanas repletas de acontecimientos no nos dejan indiferente. Reuniones familiares, encuentros y, posiblemente algún desencuentro, hacen que este periodo de final de año y comienzo de otro sean especiales. Con todo, hay dos cosas que me han llamado la atención sobre la última jornada vivida: Ya no se juega en reyes y nuevamente la privacidad e intimidad.

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No. No se juega y lo he notado especialmente en dos momentos este año. En los grandes almacenes y en los entornos más próximos. Los que nacimos en el siglo pasado miramos con nostalgia aquellos días de reyes en los que era el día del juego. Los mayores aprovechaban para jugar con los niños y estos no paraban durante todo el día con los juguetes nuevos. Desde hace años se viene criticando que, por culpa de la tecnología ya no se juega como antes.

Mirar al pasado con nostalgia tiene algunos problemas. El primero es que nos hace comparar y, como sabemos, las comparaciones son odiosas. La generación de niños de hoy en día no se parecen en nada a las de hace treinta años. Antes de jugaba, ahora no. Pero tampoco hay que hacer un drama. Antes había juegos físicos, ahora los juegos son virtuales. Los niños de mi entorno jugaron todo el día de Reyes con consolas, ordenadores, móviles… Y eso se nota. En los grandes almacenes lo percibí este año. La zona de juguetes no estaba tan aglomerada como otros años. En cursos anteriores recuerdo no poder pasar por allí. Si era necesario buscar algún juego se dejaba el carro por fuera y se sumergía en una marea humana para luego volver con el preciado objeto. Es verdad que había mucha gente en la zona de juguetes pero casi en igual medida que en otra zona del supermercado, ya no se necesita tanto juguete… ya no se juega tanto con juegos físicos. 

El otro aspecto de reflexión es del que ya he hablado en alguna ocasión. La intimidad y la privacidad. ¿Quieres saber lo que los reyes han dejado a otras personas? Pues es muy sencillo: visita su red social y lo verás. Filas de regalos envueltos en casa, exposiciones de lo recibido, copan las redes durante estos días pero ¿qué necesidad hay de contarle a todo el mundo lo que me han traído los reyes? ¿es por fardar o es que no debe existir un pequeño espacio para la intimidad personal? ¿Todo ha de de ser público?, son algunas de las preguntas que me formulo cuando veo esas exposiciones de regalos.

Es cierto que en la familia siempre nos contamos lo que recibimos. Con alegría compartimos la felicidad de ese momento contando o enseñando nuestros regalos. Sin embargo, nuestros medios sociales traspasan la familia y es algo que quizá no valoremos en su justa medida. Lo que aparece en nuestra red social traspasa lo exclusivamente familiar, lo íntimo. Por eso probablemente no es muy adecuado publicarlo todo. La intimidad, el espacio personal son aspectos a valorar como exclusivo y personal de cada cual que no debería ser aireada públicamente.

Sobre este aspecto se ha dicho mucho y no hay acuerdo alguno. Muchos se miran en el espejo de los «famosos» y ven que ellos cuentan toda su vida. Sin embargo, nos diferencia de ellos el que las «celebrities» necesitan contar su intimidad para que algunos los admiren. Creo que el resto de los mortales no necesitamos publicar nuestra intimidad, simplemente con expresarla en nuestro entorno más próximo es suficiente… ¿o no?

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