La felicidad nos hace más felices 

Leía un artículo que llamó poderosamente la atención en el que afirmaba que ser felices nos hace más ingenuos. La razón que esgrime el autor es que al ser felices somos incapaces de ver con malos ojos lo que nos rodea y por tanto, los felices son más fáciles de engañar porque su estado no les permite ver la realidad. ¿Será verdad?

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La respuesta sería: Felices si, tontos no. El artículo lleva algo de razón puesto que ver el mundo con las gafas de la felicidad nos hace ser más positivos, amables, sonrientes… y bien es cierto que quien es feliz atrae más felicidad y quien, por el contrario es infeliz, parece que atrae más desdichas, de ahí las negativisimas afirmaciones que algunos se lanzan del estilo: “todo me ocurre a mi”, “parece que me cayó una maldición encima”… Por tanto, parece probado que existe cierta ley de atracción. Es decir, si eres una persona optimista, positiva, alegre, atraes esas cosas a tu vida y por el contrario, si lo ves todo negro, la oscuridad será tu aliada.

Pero más que atraer o repudiar, creo que todo es cuestión de actitud. Todo depende de la actitud con la que afrontemos las cosas. No creo que los felices seamos más ingenuos o más tontos. Simplemente ante las circunstancias de la vida mostramos una actitud positiva. De esta forma, si nos ocurre algo malo, procuramos aprender de ello, sacar el lado bueno, resilientes con lo que nos sucede. No podemos cambiar lo que nos ocurre, lo que sí podemos modificar es la forma en la que nos afecta.

Las personas negativas seguramente estarán de acuerdo con que “Los felices son más ingenuos” porque al ver todo con positividad, no son desconfiados, sacan en lado bueno de las cosas, y si, puede que más ingenuos. ¿Pero qué tiene de malo? Ser feliz, sólo te hace más feliz. Dice el diccionario que ingenuo significa “falta de malicia” ¡qué bueno! Porque los felices no actúan con malicia, sino con felicidad y alegría. Los infelices son los que actúan con malicia, porque piensan que todos actúan con maldad, tratando de hacer daño y solo ven el lado malo de las cosas.

Practicar la felicidad es muy fácil. Sólo hay que proponérselo cada día. Levantarse con la firme actitud de ser feliz. Seguramente, como dice alguna frase chistosa “ya vendrá alguien a fastidiarlo”. Pero es ahí cuando aparece la diferencia entre una persona feliz y una que no lo es. Ante el fastidio, la persona infeliz, comprobará que ya le han arruinado el día, siempre ocurre lo mismo… Sin embargo, la persona feliz sabrá que lo que hace una circunstancia ajena a nosotros ocurre fuera de nosotros y por tanto yo decido de qué manera me afecta. La persona feliz tomará la determinación de que no le va a afectar. Así el feliz, cada vez es más feliz.

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