Ay, ¡que cansancio!

Es una de las frases que se escuchan con mucha frecuencia a estas alturas del año en el sector educativo.  Profesores y alumnos parecen intoxicados por el virus de la pesadumbre… ¡Qué ganas tengo que llegue el verano! cansancio

Sin embargo, el pensar en el cansancio, decirnos a nosotros mismos lo cansados que estamos no ayuda en nada, sino que es un mantra que únicamente provoca más desidia y cansancio. Generalmente, cuando hablamos con nuestros compañeros solemos preguntar ¿Cómo estás?  la respuesta lógica es ¡Bien!, sin embargo, la contestación suele ser: ¡que cansado/a estoy!, ¿este año es peor que el pasado!
Algo parecido ocurre con los fines de semana. Normalmente a nadie le gustan los lunes. Es frecuente ver en las redes sociales y en mensajería instantánea, la desgracia que supone la llegada de el lunes y, por contra, la alegría del viernes.  ¿Nos beneficia en algo este pensamiento? Rotundamente NO.
Hace años que le he quitado la etiqueta de «mal día» al lunes, cambiándosela para pensar en que es un buen día, dando gracias porque tengo trabajo y salud para desarrollarlo adecuadamente. Igualmente, me alegro con la llegada del viernes porque con este día nace un periodo en el que puedo estar con la familia, leer, estudiar, hacer deporte y también me alegro por ello. Por tanto, mi actitud es de alegría por las dos cosas.
Con todo, ¿para qué sirve quejarnos de lo cansados que estamos? ¿nos ayuda en algo? Considero que esta queja únicamente nos hace sentirnos peor, porque nos recuerda esa sensación. Es, como cuando tenemos una dolencia leve, que, cuanto más pensamos en ella, mayor es el dolor. Pero justo, cuando nos olvidamos, resulta que nos sentimos mejor. Por tanto, no tiene ningún sentido recordarnos lo cansados que estamos, ni lo mal que nos sentimos, porque no nos ayuda en nada.
Por tanto, cuando te pregunten ¿Cómo estás? responde ¡bien! o ¡muy bien! Siempre.
Entonces, ¿no nos podemos cansar? Evidentemente sí, no somos máquinas, no podemos estar siempre al 100%, hay días que estamos mejor y otros peor, pero lo que no tiene ningún sentido es repetirse de manera continua, cuando nos encontramos algo decaídos, lo mal que estamos, porque únicamente conduce a producir más decaimiento y más cansancio.
Todo es cuestión de entrenamiento: cuando te sientas mal (que tienes todo el derecho del mundo a estarlo) hay que ver esa sensación, identificarla, no darle importancia, pensar que ya pasará e intentar focalizar las energías en algo positivo. Por ejemplo: no me gusta ir a estudiar o trabajar los lunes, basta con pensar que hay decenas de miles de personas que quieren estudiar o trabajar en el mundo y que no lo pueden hacer por diversas circunstancias, como por problemas de salud, pobreza.
En realidad somos afortunados por tener todo lo que poseemos y debiéramos dar gracias por ello.
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