Reflexiones magas

imageTras celebrar de una manera intensa, como no podía ser de otra forma, estas fiestas, me detengo a escribir sobre el último de los acontecimientos de la Navidad: La Epifanía o los Reyes Magos. De ahí lo de reflexiones magas ;-). Algunas viviencias de los días 5 y 6 de enero me hacen pensar que todo evoluciona, no sé si adecuadamente, construyendo una sociedad en la que los mayores tienen prohibido ser niños y estos, ante la avalancha de regalos y materialismo, son más exigentes y egoístas.Sobre la primera afirmación “Los mayores tenemos prohibido ser niños”, confieso que me encanta estas fiestas y siempre he considerado la infancia es un periodo muy especial que, por error, los adultos eliminan de sus vidas. Me gusta conservar la niñez, me gusta jugar, especialmente el día de reyes, pero parece que la sociedad nos educa para que no sea así. En la cabalgata de reyes todo estaba centrado en los niños, las golosinas eran para ellos, el carbón dulce, también, sólo se saludaba a los pequeños. Por tanto, parece que los mayores tenemos prohibid disfrutar de ese momento y vivir ”como niños” este acometimiento

La otra afirmación que hoy “Somos más exigentes”, me viene a la cabeza porque los mayores cuando hablan de los reyes de antes, cuentan con la ilusión con la que recibían una pieza de fruta, un trompo, un lápiz nuevo o un cuaderno para el colegio. Esos regalos se recibían con tremendo agradecimiento a los reyes magos y, ni por asomo, se les ocurría despreciar cualquier cosa que se recibía junto al zapato el seis de enero por la mañana. Hoy, en cambio, tenemos tanto que, con total facilidad, rechazamos un regalo “porque no nos gusta”. Seguramente, al vivir en una sociedad con tantas comodidades, es difícil acertar o colmar las exigencias. Antes, como no había casi nada, se nos contentaba con poco. La pregunta, por tanto es obvia: ¿construimos una buena sociedad educando en la exigencia y la abundancia?

Me da la impresión que no. Cuanto más tenemos, menos agradecidos somos. No caemos en la cuenta que cada regalo, para algunos, no es simplemente un producto más en el carro de la compra, sino el deseo de agradar, complacer y hacer feliz a otras personas.

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