¿Padres o amigos?

padre o amigo jesus marreroEn cierta ocasión escuché a una persona decir que lo mejor que le podía suceder en la relación con sus hijos es que lo consideraran como “su mejor amigo”. Obviamente, no le di importancia a aquella afirmación que hoy me parece tremendamente equivocada. Un padre o una madre no puede ni debe ser amigo de sus hijos. Es mucho más que eso. En primer lugar porque los amigos pasan, van, vienen, los hay mejores o peores, pero la relación familiar es inalterable. Nadie puede elegir cambiar de familia, ni cambiar de padre o de madre, ni tampoco de hermanos. Esa relación filial es única y superior a la amistad.
En primer lugar porque los amigos o compañeros lo son durante un trayecto. Si miramos hacia atrás veremos que hemos tenido muchos amigos a lo largo de nuestra vida. Los del colegio, la pandilla con la que salíamos, el mejor o la mejor amiga con la que compartimos tantas confidencias. Pero al cambiar de vida, de trabajo, de lugar, los amigos cambiaron. Ya no son los que eran. Ahora hay otros.
Por si fuera poco, somos bastante complejos. Por eso nos cuesta bastante mantener relaciones de amistad duraderas. Nos unimos a un grupo de personas mientras compartimos aficiones, lugares, trabajos, proyectos, pero cuando finalizan, también se resiente la amistad. Un padre o una madre siempre van a estar, no cambian, aunque cambiemos nosotros. Siempre serán los mismos.
Durante la infancia los padres son los modelos. Son aquellos en quien nos fijamos, aunque juegen, aunque hagan los caprichos, deben ser un ejemplo y autoridad para los infantes. Deben servir de guía ante un camino que ellos desconocen.
En la adolescencia suelen ser el enemigo. En este periodo se rompe ese universo de la infancia. Los padres no son lo que parecían. Se quiere experimentar por uno mismo y no por lo que los progenitores nos puedan decir, prohibir o imponer.
Pasado este periodo aparece, lo que seguramente, la persona a la que aludía al principio quería decir. El padre o la madre es una buena consejera, alguien a quien acudir, porque se valora la experiencia y sabiduría que atesoran. Se pueden compartir espacios en común, aficiones, gustos, nietos…
Con todo, los progenitores no pueden ser amigos. Son mucho más que eso. Poseen lo bueno de la amistad, el cariño, la paciencia, el amor, al que se le añade la experiencia y sabiduría de los años. Algo que los amigos no pueden proporcionar.

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