Cosas que pasan en urgencias

cosas que pasan en urgenciasEn los últimos días, no se muy bien si por suerte o por desgracia, me ha tocado pasar algunas horas en la sala de espera de urgencia. Allí suceden muchas cosas, personas que vienen y van, familiares preocupados, gente triste, alegres, que hablan o que enmudecen. No cabe duda que, encontrarse con un problema de salud, nos enfrenta sin miramientos y bruscamente, con la fragilidad humana. Por la sala de espera y, en unas pocas horas, algunas realidades de nuestra sociedad pasaron ante mis ojos: 

La falta de comunicación

De personas que acuden al médico y se tienen que encontrar durante unos minutos con una realidad que no conoces. Durante el diálogo se escucha ¿pero no sabías…? Evidentemente no. Hacía tiempo que no hablábamos, apenas me llamas, no se nada de tu vida, aunque seamos familia…

La custodia de los niños

Quizá fue una de las escenas más dramáticas. El padre, viendo que su hijo de corta edad se encontraba mal, lleva el pequeño al médico. Solo, sin más compañía que una sábana de cama en la que envolvió al muchacho que tiene fiebre. El pequeño tirita de frío, tiene mucha fiebre. El padre casi no sabe que hacer, le acaricia, pide ayuda y la enfermera le administra un antitérmico. Entra a la consulta cuando llega el turno. Al rato aparece su madre que también se incorpora a la consulta. Unos minutos después, sin terminar la consulta, el padre tiene que marcharse: No tiene la custodia.

Niños con hijos

Otro niño, esta vez más pequeño, de uno o dos años de edad. Los padres muy jóvenes y es la abuela quien se hace cargo de todo. La abuela cuida del niño, la abuela, con el niño en brazos, lo calma; habla con la enfermera, lo tranquiliza, cuando intenta llorar. Los padres sólo miran. No tienen experiencia, son sólo niños que juegan a ser papás. El tiempo les dará la experiencia que ahora tiene la abuela.

Las maravillosas abuelas

El joven se sintió indispuesto esta tarde. Un dolor extraño, un pinchazo en la espalda que apenas le dejaba moverse. La abuela le lleva al médico, llama un taxi. Ella y su nieto acuden a la consulta. Ella sólo acompaña, espera fuera de la consulta y feliz paga el taxi, es su nieto, el niño de sus ojos… maravillosas abuelas.

Lo mismo de siempre

Otra vez el mismo dolor. Otra vez la misma música. Como un sonsonete desgastado vuelve a dolerle a la madre lo mismo, con la misma intensidad y hay que acudir a urgencias. El hijo la acompaña mecánicamente y con desgana. Mientras la madre está en enfermería aparece por la sala de espera intermitentemente. Una vez con un bocadillo, otra vez con un refresco, luego con galletas. Es la misma música, el mismo dolor, el mismo problema sin resolver que, cada cierto tiempo, la manda al médico sin avisar.

Son, las realidades de nuestra sociedad actual. No juzgo, ni deberíamos juzgar esa representación social que aquella noche pasó por la sala de urgencias. Es posible afirmar que la falta de comunicación entre personas sea un problema grave hoy en nuestra sociedad, que los matrimonios rotos, las parejas deshechas sea el pan nuestro de cada día, donde los que más sufren son, precisamente, los niños. Otras personas, en cambio, tienen una dolencia crónica que apenas les deja a vivir y las maravillosas abuelas, a quienes el tiempo les ha dado la sabiduría para entender cosas que todavía a muchos se nos escapan de nuestra comprensión. Es la vida en la pluralidad de expresiones, de personas, de mundos…

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