Eliasú y la cueva mágica

Cueva de Los VerdesEl tercer día de estancia en la isla, el muchacho se despertó alarmado por la voz grave de un aborigen. Se trataba de un majo de la isla. Le pedía que le acompañara un tubo volcánico enorme que sirvió para ocultarse y protegerse de los invasores primero y de los piratas después. En aquel tubo, hoy conocido como Cueva Los Verdes, pasaban temporadas escondidos bajo tierra, esperando que los atacantes se fueran y así poder volver a la superficie sin riesgo para sus vidas.

Eliasú llamo el tubo volcánico, la cueva mágica. Era enorme, había muchos desprendimientos de roca debido al paso del tiempo y la erosión. El tubo se había formado por el choque entre la ardiente lava y el frío mar. La cueva se había formado hace miles de años y había servido de refugio no sólo para los guanches, sino también para los habitantes del lugar cuando arribaban los piratas.
El paseo por el interior de la cueva fue largo. En algunos momentos había que agacharse mucho para poder continuar el camino, en otras ocasiones había que tener mucho cuidado para no caerse porque se desciende hasta 50 metros y existen numerosos huecos con precipicios. Llegaron a la zona más amplia de la cueva y conocieron el lugar donde habían encontrado hallazgos arqueológicos y, por lo que le contó el majo, en aquel lugar se escondían durante semanas las personas, sin salir a la superficie, para proteger sus vidas. Debió ser una época terrible –pensaba Eliasú– Luego, cuando regresaban, le enseñó el secreto de la gran cueva, la más profunda. Pero el majo, le pidió encarecidamente que no lo divulgara, puesto que si todo el mundo conocía ese secreto, la cueva perdería su encanto.

IMG_0019Al salir, la luz del sol encandiló a Eliasú de sobremanera, que también echó de menos el frescor de la cueva. El día era muy caluroso y en el interior se estaba muy fresquito. No en vano la temperatura en el interior, era constante durante todo el año en torno a los veinte grados. El muchacho hizo por despedirse, pero el majo le cogió del brazo y le pidió que le acompañara, cosa que no rechazó porque Eliasú estaba realmente emocionado con todo lo que estaba viviendo.

Unos cientos de metros más abajo, en dirección al mar, había un jameo. Eliasú no había oído nunca hablar de esa palabra. Ni siquiera sabía lo que significaba. Cuando casi habían llegado al mar, se detuvieron para entrar nuevamente en un hueco. ¿Otra cueva? se preguntaba. Pero no se trataba de otro tubo volcánico, si no de un jameo. El majo le explicó que un jameo es una bóveda que se forma por el desprendimiento del techo. La novedad de aquel lugar es que se filtraba el agua de mar, dada la cercanía con el océano. Allí vive un cangrejo único en el mundo. Se trata del minundopsis polymorpha un pequeño cangrejo ciego que únicamente se puede encontrar en aquel espacio, un endemismo.

Eliasú se sentó en una roca a contemplar a las diminutas especies, siguiendo su deambular por e agua. Tenía ganas de tocarlos, jugar con ellos. ¡Eran tan frágiles! De pronto la voz de su acompañante le saco de su mutismo. Quería contarle como se habían formado los volcanes, explicándole con detalle todo el proceso de formación del gran volcán que dio origen a la isla, de como emergían del agua y se convertían en grandes extensiones de tierra habitadas. Eliasú estaba encantado y empezó a juguetear con unas rocas volcánicas que había allí, momento en el que el majo desapareció. El muchacho comprendió que había terminado su aventura, así que volvió al hotel para disfrutar de una nueva tarde de piscina.

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