La terrible tentación de comparar

Debería empezar diciendo que somos “seres comparativos por excelencia”, lo que sonaría a guasa. Sin embargo, es cierto. Nos pasamos el día comprobando precios, mirando en que lugar está más barata la compra, donde está la oferta. Y, a veces, caemos en la tentación de hacer lo mismo con las personas.

“No eres tan… como tu hermano”, son elogios que a veces se nos escapan sin querer, pero que están bien anclados en nuestro pensamiento. La comparación viene ya en “nuestro sistema operativo”, generalmente  para bien, cuando se trata de rastrear el mejor producto, pero bastante mal cuando se trata de personas. No podemos establecer comparaciones en el caso seres humanos, porque cada uno posee su especificidad, aunque sea mínima que nos hace absolutamente maravillosos y únicos… diferentes. Por eso deberíamos desterrar las etiquetas que no conducen a nada.

Estamos comenzando el curso y, para lo que tenemos la maravillosa tarea de compartir un poquito de nuestro saber con los jóvenes, empieza también un periodo complicado con mucho trabajos, listados, organizarnos, grupos nuevos…  Es ahí cuando empieza nuestro cerebro a maquinar: “Este es el empollón”, “este el bueno”, “el revoltoso”, “El chulito”, “el guaperas”, “el simpático” ¡¡¡Aaaay que tutoría me tocóoo!!!, ¡¡¡qué grupo, socorrooo!!, son algunas de las frases que se escuchan entre las charlas de profesores. Toda nuestra maquinaria “etiquetadora” y  ”comparativa” se despliega para tratar de analizar la situación que vivimos, haciendo muchísimo daño a los chicos y chicas.

Etiquetar negativamente supone llenar de prejuicios a un grupo o personas, con los que difícilmente podremos avanzar. Llenamos nuestra mochila de cargas pesadas con atributos que de nada sirven para la comunicación entre personas. Porque si yo pienso que aquel es “el graciosillo”, a la mínima le paro los pies para que no me fastidie a mi. Lógicamente, así es imposible establecer una relación cordial entre personas.

Por tanto, librémonos de los prejuicios terribles de la comparación y el etiquetado entre personas. Pensemos simplemente que todo el mundo es, al menos, NORMAL, hasta que se demuestre lo contrario. Demos una oportunidad a cada cual para ser quién realmente es. Para  encontrarse consigo y con los demás, sin que antes pensemos que es mejor/peor que… Borremos de nuestro pensamiento la capacidad de etiquetar, encasillar, comparar, que tanto daño hacen a las personas

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