Consuelo de tontos

Mal de muchos, consuelo de tontos, decía el proverbio. De alguna manera pretende aminorar alguna desgracia que padecen un número importante de personas. Sin embargo, el consuelo de los tontos no debe ser una actitud a desarrollar en el día, porque una cosa es que tratemos de apaciguar nuestras inquietudes dándonos algún tipo de pensamiento positivo y otra cosa bien distinta es que nos menosprecien frecuentemente.

Cuando ocurre algo negativo, es importante que busquemos urgentemente la mejor forma de gestionar esa situación. La respuesta de “eso le ha pasado a muchos”, “hay cientos de afectados”, “ocurre con frecuencia”, puede servirnos como apósito para detener la hemorragia, pero no es una solución definitiva. Debemos emprender urgentemente un camino dirigido a solucionar esa situación, puesto que si no, volveremos a tropezar siempre en la misma piedra y daremos una respuesta idéntica en todos los casos, con lo cual no solucionaremos nada.

El consuelo de los tontos debe servirnos para ver que hay injusticias que se cometen en este mundo, pero que no debe dejarnos impasibles, ni cruzados de brazos, sino que nos ha de poner manos a la obra, para buscar una solución, para no seguir “haciendo tonterías”. Este mismo consuelo ha de ser un acicate para comprender que hay algo que no ha funcionado bien y que hemos de mejorar o cambiar.

El consuelo de los tontos tiene que ser para ponernos en marcha hacia una solución en la que somos partícipes y no esperando algún tipo de justicia que nunca llega. No es lógico, cuando nos sucede algo que permanezcamos quietos, pidiendo y deseando un cambio con la esperanza que algo externo a nosotros lo cambie. Hemos de ser colaboradores y promotores de ese cambio, para no volver a caer desconsolados como tontos.

La mayor parte de las situaciones se revierten y normalmente no somos tontos indefinidamente, pero requiere que nos pongamos manos a la obra y no permanecer quietos deseando que la solución caiga del cielo.

Por tanto pongámonos manos a la obra para buscar una solución ante las dificultades que se nos pueden presentar. No nos limitemos a consolarnos ni a consolar con palabras estériles, sino con la firme decisión de procurar un cambio para que no tengamos que lamentarnos, una vez más y pedir el consuelo de tontos.

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