Haciendo escala de valores y metas en la vida

Todas las personas tenemos nuestra propia escala. Aunque, generalmente, no lo tenemos apuntado en una libreta sí que sabemos qué cosas nos gustan más y cuales menos. A cada cosa le atribuimos un valor. Es decir, lo que para algunos significa mucho, para otros no supone nada. Así, cada cual tiene su forma de ser y de pensar, otorgando a cada cosa un determinado valor, que, generalmente no suele coincidir en esa determinada escala para todas las personas.

Siempre he pensado que si le llevamos el último y más caro de los teléfonos móviles a un indígena de una tribu perdida, seguramente lo golpeará, tratará de hacer fuego con él y, cuando se canse, porque aquel artilugio no le sirve para nada lo tirará. Muchos de los “civilizados” nos echaríamos manos a la cabeza ante semejante aberración porque aquella persona está destrozando un objeto de gran utilidad y valor en nuestro mundo. Sin embargo, al indígena aquel pedazo de plástico no le sirve para nada. Así somos. Dos personas de similares características, pero con intereses y escala de valores muy diferentes. Nosotros atribuimos un valor a algo, que para el indígena no lo tiene. Lo mismo sucederá en caso contrario.

La otra consideración importante es que las cosas no tienen valor en sí mismo, sino que nosotros le asignamos un valor. No tiene la misma valoración para un adolescente un Smartphone que para un anciano. No le da el mismo valor a un vehículo un taxista que un chatarrero. Son ejemplos opuestos que nos ilustran para comprender que no hay unas cosas mejores que otras, sino que nosotros le otorgamos esa cotización, en función de nuestra cultura, forma de ser y pensar. “Somos lo que pensamos”, dice una famosa frase. Si para alguien el Facebook es algo importante en su vida, perder la conexión a internet, puede ser el mayor de los desastres. Y, volviendo al indígena, ciertamente a él le importará un bledo lo que se publica en el “feisbuc”.

Dando  un último paso, debemos desmontar la afirmación que “en aquel lugar me siento bien y en el otro me siento tan mal” o “para mí la playa de La Arena es mágica”, porque son igualmente atribuciones y valores que hemos otorgado a determinados lugares y cosas que no las tienen en sí misma. La Playa no es mágica, una persona le da un valor mágico. Sin embargo, para la persona que perdió a un familiar en esa playa ahogada, ese lugar es catastrófico y lamentable.

Con lo que quiero concluir es que si nosotros hacemos una escala de valores y asignamos determinada importancia a cosas y lugares, también podemos reasignar esos valores. Es decir, aquel lugar donde tuve una vez una mala experiencia no tiene porque ser siempre lamentable, sino que le he dado ese valor. Y ese valor puedo cambiárselo reconciliándome, cambiando mi pensamiento sobre ese objeto o lugar.

No hay objetos mágicos, ni lugares mágicos, somos nosotros los que le damos ese valor a las cosas. Por eso lo bueno sería controlar a qué cosas le damos un valor positivo y cuales le damos un valor negativo para poder cambiarlo en un momento determinado, si fuera necesario. La escala de valores no es una escalera fija con unos peldaños inamovibles, sino que puedo hacer modificaciones siempre que lo crea necesario.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s