Cuando es más fácil odiar que perdonar

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Perdonar no es sencillo. Solo hay que mirar a nuestro alrededor y vemos que hay personas enfrentadas, familias cuyos miembros no se dirigen la palabra hace años, rencores enquistados en centros de trabajo y en la vida social, por diferentes razones. Lo curioso es que nos empeñamos en mantener los enfados cuando a quien más perjudican es al que odia y no al que perdona.
Descubrir que el perdón es muy saludable y que contribuye de manera eficaz a la felicidad es, a veces, complicado para algunos, porque se empeñan en gruñir todo el día. Por que dijeron esto, porque me hicieron lo otro… siempre, parece que para determinadas personas hay un motivo para estar enfadados y odiar. Lo terrible es que no son conscientes que a quien único están perjudicando es a ellos mismos. Veamos un ejemplo.

Tengo un vecino al que sólo saludaba en el ascensor, cuando me tropezaba con él. No es amable, pero tampoco grosero. Guarda las formas y devuelve el saludo, pero nada más. Desde hace poco ha empezado a ocupar mi plaza de aparcamiento, donde siempre dejo el coche. La plaza es pública, pero todos en la comunidad tenemos más o menos nuestros lugares fijos de aparcamiento, así que estoy indignado. Cualquier día, le voy a rayar el coche o le voy a hacer algo, porque desde hace más de un mes que no tengo donde aparcar, por lo que llego a casa todos los días con un cabreo monumental, maldiciendo al vecino.

Si analizamos esta situación, observamos que el único perjudicado por ese problema de convivencia es quien lo padece. Tiene un enfado monumental, pero no es capaz de gestionarlo, simplemente se enfada y maldice al vecino, su mala suerte, porque todo le pasa a él. Con lo sencillo que sería decidir hablar con el, para preguntarle asertivamente por la situación, tratar de comprender los motivos por los que desde hace tiempo no ocupa su plaza de aparcamiento. Pero, sin embargo, generalmente optamos por guardar silencio, maldecir, odiar y enfadarnos, creando una situación de angustia personal.

Vivir en el perdón, significa practicar la empatía y la asertividad procurándonos un mayor bienestar personal, porque ¿de qué me sirve estar enfadado con alguien si ese alguien no lo sabe? Es bastante poco productivo. Además, es de sobra conocido que, cuando hacemos las paces con alguien con el que estábamos enfadados, nos sentimos mucho mejor, nos quitamos un peso de encima. Entonces ¿para qué odiar? No tiene mucho sentido. Entonces practiquemos el perdón, aunque sea por motivos egoístas, para nuestro mejor bienestar, porque perdonando somos mucho mas felices.

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