Perdono, pero no olvido. Olvido, pero no perdono

No sé muy bien en qué orden, pero muchas personas pronuncian alguna de estas frases. Siempre me han llamado la atención puesto que decir cualquiera de las dos cosas me parece algo contradictorio. Si perdono algo, me olvido, si no perdono, lo tengo siempre presente. Lo más lógico y sano mentalmente, me parece que es Perdonar y Olvidar, lo cual no supone borrar de nuestra memoria algún acontecimiento.

Perdono pero no olvido, es una frase en la que subyace, algo de rencor y amenaza. Yo perdono, que es la primera parte, está muy bien, puesto que soy capaz de excusar algo que ha ocurrido. Aunque, no olvidar, está más ligado al odio. No olvidar en este contexto, siempre suena a “aquí te la tengo guardada”, “me las pagarás”, “ya te haré a ti lo mismo”… Por eso lo ideal es olvidar, lo que no significa ignorar ni negar algo que nos ha sucedido.

Las personas aprendemos, fundamentalmente, de lo que experimentamos. Por eso, desde pequeño aprendo que el fuego quema y por tanto trato mantenerme lejos de las cosas calientes y las manipulo con cuidado. Aprendo de una quemadura y procuro que no vuelva a suceder. Es lo lógico y normal. Sin embargo, este mismo ejemplo, lo ponemos en clave de “no olvido”, supone vivir obsesionado con el fuego. Cada vez que veo un caldero caliente uso varias protecciones, si tengo que encender una vela o apagarla lo paso mal, no me acerco a una fogata, por mucho frío que esté pasando, etc. Ese no olvidar lejos de convertirse en un aprendizaje, se convierte casi en una pesadilla y entonces es dañino para las personas.

Hay que perdonar y olvidar, que supone aprender de una situación, pero no nos obsesionamos con ella. Lógicamente no volverá a suceder, pero tampoco, me quita el sueño. Hay que alejar el rencor de nuestras vidas, puesto a quien más se hace daño es a nosotros mismos. Imaginemos que me llevo mal con un vecino. Es probable que esté todo el día pendiente de lo que hace. Si hace algo de ruido, será lo más infernal del mundo. Si invita a unos amigos a casa, siempre está de fiesta molestando. Si aparca el coche mal, es un egoísta que no piensa en los demás. Sin embargo, si nos lleváramos bien con esa persona, le disculparíamos y entenderíamos que hizo ruido porque arregla una habitación, que la visita era una familia que no veía hace tiempo y que aparcó mal un día que llevaba prisa.

Por tanto la pregunta del millón es ¿A quién estoy haciendo daño mientras vivo obsesionado por lo que hace el vecino?, ¿A él porque no le perdoné algo que me hizo o a mí que estoy todo el día pendiente de lo que hace? Innegablemente, a nosotros mismos, porque el odio, el rencor, el no olvidar, el no perdonar, sólo produce efectos en nosotros. Es muy probable que el vecino ni siquiera se esté enterando. ¡Si.. pero es que lo que me hizo…! Puede que incluso, no sea consciente de que le hizo algún daño. Seguramente, lo mejor en estos casos, antes que “no olvidar”, es ir hablarlo con esa persona, con mucho respeto y cariño de una forma asertiva y arreglar la situación. Olvidar y perdonar se escriben juntas, lo que no significa que no hayamos aprendido de una situación y procuremos no caer en el mismo error.

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