Cuando tengo unos kilos de más, porque estoy gorda y cuando estoy delgada, porque estoy muy flaca…

Hay muchas ocasiones en el que los comentarios de las personas son incomprensibles. Los mismos que hace un año te miraban con desprecio porque te habías saltado unas tallas, ahora vuelven a la carga porque dicen que pierdes demasiado peso. Sinceramente, no entiendo esta actitud, que parece más guiada por la envidia, que por un deseo o preocupación verdadera.

El titular de este texto, lo expresaba Beatriz, mi esposa, hace unos días, cuando alguien le pedía que no siguiera bajando de peso, ¡ya está bien!, ¡No bajes más! Esas mismas personas la  miraban con pena cuando hace unos años subía de peso. Por tanto, me atrevo a afirmar que este tipo de comentarios son, generalmente, producto de la envidia o de cualquier otro mal sentimiento. No tienen nada que ver con una “supuesta preocupación” por tu salud. Las personas subimos y bajamos de peso, envejecemos, cambiamos, pero seguimos siendo los mismos. No dejo de ser yo, porque ahora pese diez kilos más o menos y creo que eso es lo importante en cada uno de nosotros.

Nunca me ha gustado aquella persona que nada más verte, la primera frase que te suelta es ¡que guapo/feo estás! o cualquiera de sus variantes gordo/flaco, joven/mayor, etc. Me parece que se fijan sólo en lo superficial, cuando creo que somos mucho más que una simple apariencia física. Evidentemente, se trata de comentarios que se hacen para entablar una conversación. Sin embargo, considero que siempre es preferible arrancar con un ¿cómo estás?, ¿cómo te va?, y luego, cuando llevemos unos minutos hablando, podemos pasar a otras cuestiones más personales como pueden ser los atributos físicos de cada cual. No hay que olvidar que las apariencias físicas llevan conectadas situaciones íntimas y personales, que deben ser abordados con mucha cautela. Suele ocurrir que detrás de una bajada o subida de peso importante, se esconda cualquier situación personal complicada, enfermedad, problema familiar y, por eso, cuando lanzamos algún comentario, relacionado con el físico metemos la pata. Por ejemplo: ¡Qué bien te veo, has bajado de peso! Respuesta: Si, es que mi… está enfermo/hospitalizado y estamos destrozados…

Finalmente, quienes realizan comentarios relacionados con nuestra apariencia, demuestran únicamente dejarse llevar por aquellas cuestiones superficiales de las personas y no son capaces de entablar una conversación lo suficientemente profunda como para conocer nuestros problemas e inquietudes. Por tanto, la solución, es muy fácil. Para no “encharcarla” cuando nos encontremos con alguien, simplemente salude, y un ¿Cómo estás?, ¡Me alegro de verte…!, es más que suficiente. Deberíamos ser capaces de hablar con las personas, simplemente mirándole a sus ojos, a su rostro, que es mucho más expresivo que la ropa que lleva puesta o si lleva una talla 40 ó 50. Porque fijarnos en esos detalles externos denota superficialidad y no dejarnos llevar por aquello que realmente es importante en la comunicación interpersonal: verdadera preocupación y deseo de escuchar y comprender a la otra persona.

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