Los enfados en los vehículos, tan inútiles como estériles

Desconozco si alguien habrá realizado un estudio serio sobre los enfados a bordo de vehículos. En el caso de no existir análisis de comportamiento de los conductores en los coches, debería hacerse, porque, desde luego, se dan situaciones de agresividad muy preocupantes. En algunos casos, las discusiones por problemas de tráfico, han dado lugar a agresiones graves. Pero la cuestión es ¿qué es lo que hace a las personas ser más agresivos al volante?

La respuesta creo que gira en torno al considerar el entorno del vehículo propio, como un lugar personal, protegido, desde el que podemos agredir verbalmente a otros, porque nos sentimos seguros en una propiedad rodante. Hay muchas personas que continuamente van insultado a otros en la carretera, erigidos en un pedestal desde el que se puede decir de todo, sin ser escuchado. No obstante, lo realmente preocupante es cuando el conductor baja ventanilla para vociferar o toca el claxon de manera insistente ¿Qué sentido tiene?

Veamos, si voy conduciendo por cualquier vía y meto la pata, realizando cualquier maniobra ¿hace falta que alguien me lo recuerde insultándome? Por otro lado ¿Es necesario que dos milésimas después de que el semáforo se ponga en verde toquen la pita para salir? ¿acaso estamos en la parrilla de salida de un gran premio? Desconozco cuál es la intención de quien tiene ese comportamiento en el tráfico, pero de lo que estoy seguro que, al menos en mi caso, es tan inútil como estéril.

Recuerdo con una sonrisa una de las últimas veces que me insultaron en la carretera. Me enteré unas horas después, al regresar del trabajo, mi mujer me dijo: ¡mi madre los insultos del hombre esta mañana! ¿Qué insultos? le dije con asombro. El de la furgoneta, esta mañana, cuando te ibas. No le viste cuando salías de casa y se puso a gritarte, ¡sus gritos se oyeron de casa! Entonces empecé a reírme, porque resulta que lo confundí con un amigo que tiene un vehículo igual y pensé que estaba saludándome y haciéndome disparates en la carretera y yo le respondí también haciendo boberías y saludándole durante tres kilómetros. Le saludaba le ponía los cuatro intermitentes, frenaba… ¡de milagro no me embistió con su coche! Por tanto, todo su enfado no le sirvió de nada.

Muchas veces, cuando veo a alguien enfadado a las siete de la mañana, a causa del tráfico, pienso ¡madre mía si empieza así el día, seguro que a las tres de la tarde habrá matado a alguien! ¿qué necesidad hay de enfadarse por lo que hacen otros? ¿acaso lo voy a solucionar gritándole o tocando el claxon? Por tanto, considero una actitud muy poco sana, además de inútil, la de enfadarse en la carretera. ¿para qué me voy a enfadar? ¿qué consigo? Sólo para coger nervios sin necesidad. Además, la acción que hoy le recrimino a alguien en la vía pública, mañana seguro que me ocurre a mi. No soy perfecto y por tanto cometo errores, lo mismo que cualquier persona. Por tanto, no gastemos energía inútilmente insultando a las personas cuando conducimos, porque no soluciona nada y porque lo único que consigue es crear malestar en nosotros que luego pagamos en el trabajo, con la familia o quien no tiene la culpa.

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