Lo “a disgusto” que se queda uno cuando fastidias a alguien que te cae mal

El otro día leí este estado en una red social. Bueno, no exactamente ese. El texto original decía Lo a gusto que se queda uno cuando fastidias a quien te cae mal. Le cambié el título porque estoy convencido que el hacer daño a otra persona no beneficia a nadie. Creo que el sufridor, obviamente se queda disgustado y, el “fastidiador”, aunque en principio pueda tener una falsa sensación de euforia, pasados los minutos, no puede sentirse contento por efectuar una mala acción.

El ser humano, por mucho que algunos afirmen que, merced a sus instintos más básicos, tiene el afán de ser el rey de la manada, tratando de manipular, de ser el líder, que “es un lobo para el hombre”, estoy convencido que es más potente y tiene mayor calado una relación de bondad y amor que, lo contrario, es decir el odio y el rencor. Me parece y, estoy firmemente convencido que cualquier persona tiene una mayor sensación de alegría y felicidad cuando practica el bien que cuando fastidia a alguien. No en vano, que se sepa, nadie ha sugerido que se es más feliz, cuanto más se odia y se hacen las cosas mal. Sin embargo, sí que hay indicios de lo contrario. Es decir, se es más feliz, se lleva una vida más placentera, cuando se practica el bien y se hace feliz al otro.

Las personas, lejos de estar inmersas en una jungla en la que sobrevive el más fuerte, estamos programados para ayudarnos unos a otros, para ser solidarios, para colaborar y conseguir metas junto a otros individuos. Nadie, en su sano juicio, se puede sentir bien por haber golpeado a un semejante. En cambio, quedamos gratamente satisfechos cuando ayudamos a quien nos pidió colaboración. Puede suceder que en un momento de rabieta, devolvamos ese rencor, pero eso no significa que sea lo apropiado. Los especialistas dicen que contemos hasta… antes de dar una mala respuesta, que tomemos aire antes de castigar a nuestros hijos. Por algo será.

Practiquemos, por tanto, la felicidad, repartamos sonrisas, en lugar de malas caras. Entreguemos amor en lugar de odio. Nos hará la vida más llevadera… Precisamente, hoy compartía con algunos jóvenes en clase el argumento y conclusión final de la película MONSTRUOS S.A., que por cierto, me encanta. Es mucho más potente y genera más energía la alegría, la sonrisa y la carcajada que el terror. Pongamos manos a la obra.

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