¿las obras públicas son siempre de interés general?

Las obras que se realizan por parte de la administración deben ser de interés general, eso no le cabe duda a nadie. Sin embargo, la construcción de un muelle en Garachico me hace plantearme si las obras son siempre de interés general. Antes de desarrollar esta idea que lleva tiempo rondando la cabeza, he de aclarar que no es la intención desprestigiar ni poner en tela de juicio la demanda histórica de la villa y puerto, sino preguntarme por el interés general de esta obra.

He seguido con interés la construcción del muelle de Garachico, que están a punto de inaugurar a juzgar por lo avanzado de las obras. Se trata de una demanda histórica de la Isla Baja, de Garachico en particular, donde hace algún tiempo contaba con un importante muelle comercial. Además, es notorio que no existen infraestructuras de este tipo en el norte de la isla, por lo que eso puede justificar su necesidad.

Al estar próxima la inauguración de este nuevo recinto, orgullo de los garachiquenses, escuché por la radio, en una entrevista a un cargo público local que estaban recibiendo muchas demandas para poder contar con un atraque para embarcaciones de recreo. Personas, decía el concejal, que teniendo su embarcación tenían que ir a puertos del sur de la isla para poder practicar su afición favorita: navegar. De esa afirmación surge, por tanto la pregunta del título de este texto ¿Las obras públicas son siempre de interés general? ¿Están bien empelados 36 millones de euros para que quienes poseen  una embarcación tengan un lugar donde atracar en el norte? ¿Quiénes serán los beneficiarios de la instalación millonaria?

La supuesta utilidad pública del recinto se basa en una pretendida línea marítima entre Garachico y La Palma, cosa que, según algunos amigos entendidos en la materia, dicen que es inviable. Así que el muelle quedará reservado a embarcaciones de recreo y no sé, si en un marco tan “pijo” tendría  cabida embarcaciones de pescadores, que justificara la tremenda inversión pública. Aunque es probable que muchas personas lo utilicen para pasear, como sucede en otros puertos.

Desde cualquier punto de vista, parece bastante injusto que el dinero público se invierta en obras que van a beneficiar a unos pocos y, por desgracia, supongo  que este es sólo un caso reciente, pero que tendrá otros muchos ejemplos en toda la vida pública de nuestras administraciones. Sin embargo, en estos tiempos que corren sería necesario más que nunca afinar bien en qué nos gastamos el dinero, especialmente para que se invierta en obras realmente necesarias y que beneficien al mayor número de personas, cosa que no sucede siempre, porque algún interés personal, comercial, empresarial, hacen que las ideas de construcción cambien según convenga.

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